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| Saliendo de la crisis, entrando en el paraíso... |
Si no lo impedimos, el paraíso prometido sólo llegará con un planeta convertido en un enorme (pero estable) campo de concentración.
papeles de subinformación
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| Saliendo de la crisis, entrando en el paraíso... |
Mientras unos se esfuerzan en destruir derechos, otras trabajamos en defenderlos y ampliarlos #PrimaveraVerde #NoNosVamosLesEchamos #15M
— Asamblea Logroño 15M (@acampadalgrno) 4 de abril de 2013
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| Una mascota para los Juego Cleptocráticos del régimen |
Vosotros se lo estáis quitando todo. Vosotros sois los responsables de lo que os pase. Os lo merecéis. Vosotros no sois las víctimas, sois los culpables, sois la causa de los escraches que estáis padeciendo. Vosotros sois el escrache de este país. Le habéis hecho un escrache a esta democracia hasta obligarla a huir por patas. Nos habéis hecho escraches cada vez que nos reuníamos en las plazas y en las calles. Le habéis hecho decenas, cientos de escraches a los ciudadanos a golpe de porra, recorte, insulto y decretazo. [Escrache, por Javier Gallego]
Éramos tan monos, tan simpáticos cuando recibíamos los palos de la policía levantando las manos, sentados en las plazas. Éramos tan comprensibles cuando todo lo que oponíamos a su violencia, su puñetera violencia económica, cotidiana y bestial, era nuestra presencia en silencio, que ahora que sencillamente nos acercamos a decirles 'No permitiremos que usted siga condenándonos', ahora ese gesto básico les parece un acto poco menos que terrorista. Kale borroka, dicen; acoso fascista, dicen; hay que ver los pobres hijos del ministro, dicen los que no dijeron nada con los miles y miles de pobres hijos que empezaron hace meses su deambular por casas de abuelos, de amigos, de prestado, casas ocupadas, patadas a las puertas, viajes inciertos. Esos miles, quizás cientos de miles de hijos no han merecido palabra de los que ahora denuncian acoso, violencia, qué horror. [Escrache de trabajo, casa y cena, por Cristina Fallarás]
Digámoslo claro. Los escraches se sostienen no solo por la indiferencia absolutamente criminal del gobierno ante el problema de la vivienda, sino por miles de desahucios parados, movilizaciones intensísimas, ocupaciones de viviendas, ocupaciones de oficinas bancarias, negociación, diálogo y apertura. Hay escraches y tienen legitimidad porque hay un movimiento que les da sentido. Los relatos paranoicos en torno a acciones descontroladas son intencionados y ridículos.
Nada hay más organizado que un escrache. Nadie es más consciente de los límites que no se traspasan que las personas que participan, precisamente porque han adquirido un consenso de los que sí se van a traspasar. El límite que se traspasa es que “lo público y lo privado” no son esferas separadas, sino relacionadas. Por eso se va a la puerta de la casa. Por eso no se pasa de la puerta. Todos esos detalles simbólicos constituyen la legitimidad y la ética de una práctica. Compararla con cualquier desahucio revela lo evidente: en un desahucio el límite público-privado es precisamente lo que se violenta hasta el final y por la vía de la fuerza.
Pero hay algo mucho, muchísimo más importante en un escrache. Algo que ningún político ve porque solo son capaces de mirarse a sí mismos: Un escrache es una acción en el que las personas afectadas se organizan, se visibilizan y se sienten arropadas y acompañadas por otras personas. Los escraches son también la expresión de un afecto, de un grupo que se cuida y se acompaña. Son un mecanismo contra la individualidad. Es decir, son un mecanismo contra la desesperación. Son nuestro ir a Papandreu y echarle del restaurante. Pero además lo es sostenido por un espacio político organizado. No son un grito, una persecución o una torta en medio de la calle fruto de la rabia. Al contrario, gobiernan la rabia y la convierten en potencia. Son una expresión (una más) de que el poder de los de abajo se construye en común y que los de arriba son un desgraciado accidente en el camino de ese poder, de esa fuerza colectiva. Los escraches son la catarsis de una angustia en el mejor sentido. Son mecanismos para que las personas desahuciadas no sean víctimas, sino sujetos.
Es decir, son democracia.
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| De deudas y rescates salvajes |
El hombre cansado preside España. Quizás añore el pasado no vivido de gris subsecretario. El hombre cansado juega a ser el hombre cansado, plano y fútil. Se trabaja la imagen de prócer por accidente. Porque sabe que se desmorona el castillo de naipes. Y se va a llevar las hostias. Es posible que el hombre cansado se salve, que su fiesta de la democracia le de el relevo y todo parezca de nuevo a estrenar, que todo vuelva a cambiar para quedarse igual. Que vuelva a olvidarse que esto es la España Piramidal, una estafa piramidal. [versión edición impresa]
Ocupar la sede del banco malo es delito, crear la ruina de miles de personas una necesidad patriótica. #LibertadDetenidasBancoMalo
— Montxo Armendariz (@montxoarmendari) 21 de marzo de 2013
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| Toda una declaración de principios (y de Hacienda) |
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| #NoNosVamosNosEchan |
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| Encuentra la diferencia... |
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| La esquela de Mongolia. |
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| #MafiaEspaña, una marca de bandera |
Boogie!
Woogie!
The boys and the girls are all dancing around
Dancing all night to the crazy sound
It's the newest thing to hit this land
The boys and the girls are holding hands
I said
Go Buddy go
Buddy go
Buddy go
Buddy go go go
[The Stranglers: Go Buddy go]