papeles de subinformación

viernes, 17 de junio de 2016

la batalla de Francia



De nuevo, Francia se convierte en el epicentro de la revuelta global contra el canibalismo realmente existente. El país galo vive un tiempo crucial, mucho más allá de la transmisión parcial por los canales habituales de la casta mediática de cuatro imágenes espectaculares de disturbios en manifestaciones o de altercados protagonizados por los integristas etílicos del fúmbol, ausente de una necesaria y urgente contextualización:
Aunque no lo encuentres en la prensa, en Francia se viven importantes jornadas de protestas contra la reforma laboral. Desde finales de febrero y tras la Huelga General del 31 de marzo, organizaciones de trabajadores y estudiantes unidos a los movimientos sociales como la Nuit Debout, protagonizan episodios de desobediencia civil.

Por todo el país miles de personas en pie en manifestaciones y piquetes. Se han cortado accesos a ciudades y se viven episodios de dura represión por parte del gobierno contra su gente. Pero cada vez más personas se suman a las manifestaciones y las protestas, como frente a la asamblea Nacional de París o la asamblea de indignados de París, en la plaza de la República.
[seguir leyendo: Plazabierta]
La batalla de Francia revela justamente la trascendencia inversa a la cobertura de los medios mainstream de (in)comunicación masiva: una silenciada y amplia protesta obrera y popular para tratar de detener las crecientes amputaciones en derechos y libertades, no sólo laborales, de nuestro país vecino. Con acciones imaginativas y contundentes -como la huelga de electricidad, cortando el servicio a las empresas y restableciéndolo a los hogares pobres- en la lucha contra la contrarreforma laboral o con la apelación a la desobediencia civil general desde el movimiento NuitDebout para lograr una transformación social profunda. Más de un millón de personas se manifestaron el pasado 14 de junio, pero sólo los actos violentos fueron noticia, en especial los relacionados con la Eurocopa, como otra parte más del espectáculo.

Francia, el país que en varias ocasiones ha ilustrado la lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad, en definitiva por la dignidad del ser humano y la democracia -la buena, no el sucedáneo, por decirlo suavemente, en el que estamos-, el territorio de la revolución, la comuna, la resistencia antifascista -bien nutrida por el exilio español- y el mayo del 68, es hoy una de las últimas trincheras europeas frente a la violenta guerra total del capitalismo neoliberal crepuscular y caníbal contra el común. Significa también la disconformidad y la crítica a la militarización y el estado de sitio impuesto con la excusa del terrorismo yihadista. Y finalmente representa la resistencia de una parte del sindicalismo -y todo lo que eso significa sobre la organización presente y futura entre los trabajadores- que se niega a arrodillarse ante los gobiernos limpiabotas de la dictadura financiera.


Porque conviene saber el por qué del inicio de la protesta y la negativa sindical y social a un nuevo y monumental trágala por parte de un ejecutivo a la deriva nominalmente socialista, ideológicamente socioliberal, efectivamente neoliberal -de un partido hermano de ese PSOE moderado y práctico (sic) del prefabricado Sánchez que dice llamarse izquierda y no lo es; de una socialdemocracia convertida en una mercancía más que lleva años muriendo en Europa por su absoluto servilismo al capital- que está haciendo el trabajo sucio a los grupos políticos que sí se encuadran en los parámetros originarios del ecosistema capitalista, liberal o neocon. No deja de ser una paradoja -¿ironías del destino o misión histórica de la socialdemocracia?- que el partido de los arribistas Hollande y, especialmente, Valls, sea el encargado de poner fin a más de un siglo de derecho del trabajo en Francia y, por ende, del resto de esa cloaca moral en la que se ha convertido hoy la Unión Europea:
Todo está en el artículo 1: Incluso aunque sólo sea por este artículo, todo el proyecto de ley El Khomri debe ser retirado. Es el cuestionamiento histórico,  teórico, jurídico fundamental de todo un siglo del Estatuto de los Trabajadores.

Para entender esto hay que saber que el Estatuto de los Trabajadores nació en 1910 después de la catástrofe de Courrières en el Paso de Calais, allá por 1906. Durante esta tragedia, 1.099 mineros perdieron la vida en el fondo de los pozos. El patrón había exigido que el trabajo se reanudase al cesar la búsqueda de sobrevivientes, de lo contrario el carbón polaco venía y debería cerrarse la puerta de las minas. Una docena de días más tarde, 13 sobrevivientes y luego uno más reaparecieron. El choque emocional fue tal que se decidió crear el Ministerio de Trabajo para que pudiera escapar de los requisitos del Ministerio de Economía.

La elección básica era adaptar el trabajo a la persona y no la persona al trabajo. Si se había exigido las 3 x 8 (8 horas de trabajo, 8 horas de recreo, 8 de descanso), no fue para complacer a los propietarios de las empresas sino a las personas, para que pudieran vivir con su trabajo.

Así que cuando el presidente Hollande anunció que iba a "adaptar el derecho al trabajo a las necesidades de las empresas", estamos ante una contrarrevolución conceptual.  No tiene nada de "moderna" y nada tiene que ver tampoco con la "crisis": es la vuelta al siglo XIX, mucho antes aún que 1906, en los inicios de los salarios post esclavitud cuando no había ni leyes ni cotizaciones sociales.

No tiene nada que ver con el empleo: François Hollande lo confesó el 21 de febrero de este año al precisar que la ley "no tendrá ningún efecto en términos de empleo durante varios meses. Sino que se trata de instalar un nuevo modelo social". No podía reconocer de mejor manera que el desempleo era un pretexto, y que de lo que se trataba era principalmente de romper con la legislación laboral vigente.

El proyecto llamado El Khomri es pues una puesta en cuestión ideológica ultraliberal de décadas de lucha de los sindicatos y de la izquierda para proteger a los empleados. Incluso la patronal ha quedado sorprendido de que este proyecto de ley vaya más allá de lo que ha defendido la derecha.

El gobierno Valls ha despreciado la capacidad de respuesta de los sindicatos de trabajadores, de la izquierda, aquí forzada a distanciarse del rechazo de todos los sindicatos. Pero es aún más despreciable, ya que se trata de unos principios libres y universales, no la forma de abusar de un puñado de empleados de la tienda de la esquina...

A lo largo de cien años, el Estatuto de los Trabajadores ha sido construido para que los derechos de las personas al empleo escapen de las exigencias ciegas del mercado, de la rentabilidad, de la competitividad. Este es un código excepcional, ya que está forjado de luchas y de sangre, de sudor y de lágrimas. Es el producto de 1920 a 1936, de 1945 a 1968, de 1995 a 2002, de huelgas, de ocupaciones, de manifestaciones, de negociaciones y de leyes de la República.
[seguir leyendo: artículo de Gérard Filoche en Sinpermiso]
Esta nueva declaración local de guerra a 18 millones de empleados franceses es lo que está causando, en palabras de la ignorancia, "molestias a los turistas, inestabilidad económica, inseguridad en las calles, daños a los bienes y las personas, caos y miedo", en referencia a las manifestaciones y acciones de protesta -cuando en realidad todo ello es consecuencia de la desgobernanza financiera-, llegando hasta el delirio de plantearse la prohibición de las manifestaciones, en línea con la apuesta de militarizar el país. En la agenda del colapsado capital global, la imposición de su pensamiento único -there is no alternative- y de un estudiado y dilatado programa reaccionario de recortes económicos, políticos y civiles -TTIP, deudocracia, austericidio, saqueo del bien común, estado de excepción permanente...-, incluyendo el asedio a los derechos laborales y el desguace del estado social, sigue siendo contestado -primavera árabe, 15M, Occupy...- y al mismo tiempo cada vez más duramente reprimida cada contestación, de manera policial directa, con el discurso indirecto del miedo o con medidas coercitivas desde gobiernos y agencias al servicio de la corporación del 1% -troikas, eurogrupos, bancos centrales- que trata de salvar sus muebles frente al desastre que viene. Esa gente espectral, organizados en la cleptocracia, reducidos sus planteamientos a la doctrina del shock, apóstoles de una decadente metafísica económica, arquitectos de una distopía ecofascista que quiere seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades y las del planeta.


Francia es hoy el centro de la crisis europea, no el Brexit, como indica sabiamente el corresponsal Rafael Poch desde París: "una eventual salida del Reino Unido es económicamente irrelevante (hay mucha exageración ahí), pero políticamente debilitaría la influencia de Estados Unidos, del que el Reino Unido ha sido el más solicito servidor, en el continente. Solo por eso harán cualquier cosa por evitarla, pero el verdadero problema está en Francia. Fue Francia, no Inglaterra, la fundadora de lo que se está desmoronando desde 2007. Y es aquí donde se decidirá la verdadera partida". En definitiva, la batalla de Francia representa un nuevo paso en el avance del desastre tras el fallido experimento griego y por eso significa también un rearme de dignidad y una nueva oportunidad para romper las viejas y las nuevas cadenas en el largo camino de la emancipación humana:
[...] El poder quería nuestra lucha local, sectorial, dispersada y reivindicativa. Le anunciamos que será global, universal, conjunta y afirmativa.

Nunca daremos lo suficiente las gracias a la Ley El Khomry por habernos devuelto el sentido de dos cosas que habíamos olvidado hace demasiado tiempo: el sentido de lo común y el de la afirmación. Ofreciéndole al arbitrio del capital latitudes sin precedentes, esta ley generaliza la violencia neoliberal, que golpeará de aquí en adelante de manera indistinta a todas las categorías salariales y les empujará a descubrir lo que tienen profundamente en común, la condición salarial, precisamente. Deshace así las diferencias que les tenía separados. Sí, hay algo profundamente común entre los Goodyear, los Conti, los Air France [...] entre Henry, el ingeniero súpercualificado de una subcontrata de Renault, que es despedible porque ha hablado demasiado sobre el documental Merci, patron! en su lugar de trabajo; entre Rajah y Kefar, asalariados precarizados de la sociedad de limpieza Onet, despedidos y reenviados a la miseria por una minúscula falta; y con todos los universitarios que contemplan a través de todos ellos lo que les espera; y los estudiantes de secundaria que les siguen de cerca. Podría alargar esta lista indefinidamente, puesto que la realidad es que en esta época que vivimos es interminable.

Por lo tanto, gracias, gracias sinceramente, El Khomry, Valls y Hollande. Gracias, sí, gracias. Gracias por haber empujado tan lejos la ruindad para que no tengamos otra elección que salir de nuestra somnolencia política. Para que nos tengamos otra elección que salir del aislamiento, y a veces del miedo, para juntarnos. Gracias también por habernos al fin abierto los ojos y hacernos ver que en el punto en el que estamos ya no hay nada que negociar, no hay nada que reivindicar, que todas esas prácticas rituales y codificadas están cayendo en lo grotesco. Dejémoselas, por tanto, a un cierto sindicalismo arrodillado a su reptación habitual. Nosotros estamos decididos a tomar otra vía, la vía que revoca los marcos, los roles y las asignaciones, la vía del deseo político que empuja y que afirma.

Creyendo continuar como siempre su pequeño camino amable al servicio del capitalismo neoliberal, la Ley El Khomry creía sin duda, que como tan habitualmente desde hace 30 años, entraría como mantequilla. No han tenido suerte. Ha dado en hueso. Sin darse cuenta ha traspasado uno de esos umbrales invisibles donde con una sola gota todo cambia. En griego eso es lo que catástrofe quiere decir, cambio. Y es verdad que es la catástrofe para este gobierno. Aquellos de los que esperaban que reivindicásemos de manera educada, no queremos ya reivindicar, aquellos que estaban separados se unen. Otras ideas nos vienen a la cabeza, ideas desconcertantes. Por lo tanto, en este sentido, la situación es catastrófica. Y puede ser que sea la mejor noticia política desde hace décadas. El primer gesto de la catástrofe --no el último, sólo el primero-- es un gesto de imaginación. Y es por eso que nos hemos reunidos esta noche aquí, para imaginar la catástrofe, traigámosles la catástrofe.


[extracto del discurso pronunciado por el economista y sociólogo Frédéric Lordon en la acampada de la Place de la République de París -la NuitDebout- el pasado 31 de marzo]

martes, 31 de mayo de 2016

momias, reptiles y prensa libre


Desde el país socioliberal de las momias, gracias a Mongolia

"No he visto a nadie que tenga más habilidad para abrir espacios nuevos, que tenga una comprensión de eso, y ahora está intentando articularse para que eso tenga la consistencia de institucionalizar. Pero él por sí mismo es un creativo, y un creativo irrepetible." (El Jarrón Chino del socioliberalismo sobre el Prometeo del emprendimiento)

Las momias del paraíso socioliberal realmente existente están marcando tendencia. González y Cebrián, Cebrián y González, vidas cruzadas, paralelas, símbolo de una época y balance de un régimen en tiempo de descuento. En el ocaso de sus días de vino y rosas, su papel de trovador de dictadores y comisionista en paraísos fiscales al asalto del combustible crepuscular es muy revelador. La patada a Escolar como colaborador de la SER por las revelaciones panameñas sobre el antiguo director del diario global ha motivado el silencio cómplice e incluso incomprensible de algunos periodistas de prestigio y la marcha dignísima y valiente de otros no tan conocidos.

La decadencia y la impunidad "no dejan cerco". ¿O tal vez sí?

Para estas y y el resto de momias del canibalismo neoliberal realmente existente en general y de la cleptocracia marca España -y sus altavoces mediáticos- en particular, lo verdaderamente preocupante ahora es Venezuela, esa provincia ultramarina con la que tapar sus mamandurrias nivel saqueo total:
Los ciudadanos están muy preocupados por la corrupción. La actualidad la marca la corrupción con el levantamiento del secreto del sumario para doce de las catorce piezas de la famosa trama Púnica. Y sin embargo los periódicos apuestan por Maduro y Venezuela.

No pueden ser tan torpes. Pero sí tan corruptos. La sombra de la podredumbre es alargada y sus raíces profundas. Vigilemos atentamente a los vigilantes. Por si fueran cómplices…
La tarta del fondo de reptiles en la tierra con nombre de vino. Fuente: Como Puños

Y es que la voz de su amo está para hablar de lo que hay que hablar, eso sí, pagado a escote entre todos. Un fondo de reptiles cuyo resultado más notable ha sido -como todo el mundo sabe- su reparto (nada) equitativo entre los sueldos de directivos y trabajadores y la precarización (hacia abajo, en continente y contenido) de la profesión. Libertad de empresa, con los límites que establezca el amo, que cercena la auténtica libertad de prensa, esa que practican medios como La Marea para tratar de desentrañar la mano que los altavoces mainstream nunca morderán: su proyecto de crowdfunding #YoIBEXtigo tiene como objetivo analizar a las 35 empresas que hoy conforman el selectivo IBEX35 que cotizan en la Bolsa española (Telefónica, Repsol, BBVA, La Caixa, Iberdrola, Acciona, Endesa, Inditex…) y los lobbies que conforman.

Una inciativa para descifrar las redes financierags que nos (des)gobiernan y desvelar todas esas amistades peligrosas de momias, reptiles, limpiabotas y propagandistas. Por eso está dirigida, muy especialmente, a quienes creen en la democratización de los medios de comunicación y apuestan porque sean propiedad de la gente, no de grandes corporaciones con agendas al servicio de los poderes que limitan y manipulan la información. Más de 2.000 personas ya lo hemos apoyado.

Pero también para aquellos androides que -lejos de enmendarse la plana dado el grado de alienación servil- deberían dejar ya de hacer el ridículo:


miércoles, 20 de abril de 2016

la mafia dentro de la mafia



Si para los (aún) creyentes en el sistema, el desencanto no fuera ya suficiente, eramos pocos y parió la abuela. El descubrimiento de la red de extorsión del pseudosindicato Manos Limpias y la asociación Ausbanc revela el insondable grado de impunidad en el que se han movido las diferentes familias y tribus de la casta de este país, jerarquizados prácticamente en bandas, clanes o linajes como en las sociedades preinudstriales. Esta organización criminal -según la imputación del juez- viene a representar el papel de una mafia -de la que todos sabían y todos callaban- dentro de la mafia general en la que se ha convertido la estructura económica del régimen, la punta del iceberg de un entramado corrupto que comenzó a colapsar tras el derrumbe de la burbuja del ladrillo, un paradigma de la cultura del expolio social y el extractivismo financiero sin límites de las rentas del capital sobre las rentas del trabajo, en definitiva, una ola más en el océano de la (auténtica) delincuencia organizada global amparada por gobiernos y agencias internacionales que llaman libre mercado y no lo es.

Todo ello enmascarado en los años de la fiesta tras la "utopía de una sociedad de propietarios" basada en especulación, sobretasaciones, titulación, desregulación y otra sarta de mentiras. Afortunadamente, el pueblo salva al pueblo, cierta dignidad permanece y una querella del Tribunal Ciudadano de Justicia ha sido recientemente admitida a trámite:
“Como el Gobierno no va a investigar, lo vamos a hacer nosotros”, fue la idea que impulsó la creación de plataformas ciudadanas para juzgar a los responsables de una crisis que las asambleas del 15M siempre calificaron de “gran estafa”. En 2012, de forma paralela a la creación de 15MpaRato, en Madrid nacía el Tribunal Ciudadano de Jus­ticia (TCJ). Cuatro años después, el pasado 30 de marzo, desde el centro social okupado CSOA La Mo­rada, sus portavoces anunciaban la noticia más esperada: el juez José de la Mata había admitido su querella contra el expresidente de Caja Ma­drid Miguel Blesa y una veintena de altos directivos por la sobretasación de viviendas y la concesión de hipotecas basura. 
Un frente más se abre para los gestores de la caja nacionalizada, en especial para Miguel Blesa, que en 2014 había evitado que la cosa fuera a mayores con la inhabilitación de por vida del juez que instruía su caso, Elpidio Silva. Un nuevo frente que “apunta al fondo de la cuestión: cómo nos estafaron los gestores de los bancos”, dice a Diagonal Liliana Pineda, una de las impulsoras del TCJ. 
A diferencia de otras iniciativas similares, dice, la querella del TCJ pretende poner en el centro “el carácter sistémico” de la estafa inmobiliaria. En esta demanda, explica Pineda, los afectados de esta “gran estafa” no son un sector específico: “De alguna manera estos gestores han defraudado al conjunto de la sociedad, porque ha sido el Estado, a través de los recortes, los rescates y la emisión de deuda, quien ha tenido que cubrir esta gestión fraudulenta de los bancos”.
Todo ello también bajo la égida mirada del crepúsculo de los próceres de la ética y la estética, esos que a más llenárseles la boca con las palabras libertad y orden, más leyes, normas y privilegios propios, particulares, ajenos al común de los mortales. Pongamos por ejemplo un Vargas Llosa, tan pulcro en su Villa Meona shore:
Antes al contrario, Vargas Llosa lleva teniendo varias décadas columnas –imprescindibles sus artículos en el diario que de lo único que es independiente es de la mañana sobre el próximo país latinoamericano que se convierta en gran oportunidad inversora– en esos periódicos que, dice, cooperan con esa sociedad del espectáculo que detesta. No se ha negado a firmar nada en aras de una coherencia o a modo de protesta contra una ciudadanía que no merece a intelectuales de su talla (la verdad que no, que no los merecemos, porque qué cruz). No ha sido un disidente, no ha estado replegado en ningún sitio. Ha tenido altavoces de sobra no sólo por esa disociación que efectúa entre el decir y el hacer, sino porque desde esas tribunas dictamina también quién puede decir y quién puede hacer, qué es ser libre y qué es ser "abrumado a impuestos" mientras que sin despeinarse comenta que en la cara B de esta sociedad de porteras que, paradojas de la vida, le dio un Nobel, hay ya muy poco respeto a las leyes y a la estética. 
Se les seguirá llenando la boca con la libertad mientras Isabel narraba, con motivo del 80 cumpleaños del escritor –que ha durado más que una boda gitana–, divertida a La Razón: "Ha subido el servicio y le hemos cantado el cumpleaños feliz delante de la tarta". Esa libertad que siempre sacan a colación y que veríamos qué pasaría si uno de los miembros del servicio la esgrimiera para decir que no, que él no sube a ningún lado a cantar ningún cumpleaños feliz.
Estas muestras del canibalismo realmente existente forman, a estas alturas del hundimiento, un tremendo espantajo que daría lugar a la carcajada más sonora si no fuera por el reguero de sucesivas e intolerables consecuencias -en modo recortes, rescates y demás latrocinios- que han ido dejando sobre el subsistir de la mayoría. Ante la grave encrucijada climática y de civilización, a día de hoy estamos en manos de una cuerda de mamarrachos, sociópatas, fanáticos, mediocres y toxicómanos, asesorados por cortoplacistas y adulados por juglares de la propaganda. Frente a ellos, la reflexión y la lucha son el único camino.

jueves, 14 de abril de 2016

los privilegiados


Paraísos financieros con infiernos en la tierra.

Hoy se cumplen 85 años de la proclamación de la II República en España, proyecto emancipador de aquel tiempo que pudo ser y no le dejaron la recua de inquisidores, oligarcas, especuladores, rentistas, caudillos y demás capitostes de toda la vida y que hogaño, atado y bien atado, siguen preparados, listos, ya en sus atalayas. Parásitos antiguos mantenidos en el pesebre de la Restauración de una dinastía comisionista y negligente -para algunos, modelo (y modélico) de su trasunto la Transición-, esa ficticia estabilidad sustentada sobre la corrupción electoral del caciquismo y el pucherazo, que no iban a tolerar la renuncia a sus prebendas. Parásitos actuales victoriosos en su cruzada contra cualquier conjetura de justicia social, vigorizados en la democracia nacida del pacto y la amnesia -pusilánime e incapaz de desenterrar dignamente a 100.000 personas de las cunetas-, aumentados con la nómina de progres bon vivant, como demuestra la revelación de los paraísos de impunidad en los que se mueven con diligencia, esa que les falta para acabar con la desigualdad:
Cualquier asalariado puede constatar que cada uno de sus movimientos bancarios es inmediatamente registrado. En cambio esto no ocurre con las grandes fortunas. Son múltiples los mecanismos de los que disponen, tanto de elusión como de evasión de sus capitales y obligaciones fiscales. Hay una parte legal en estas actividades, aunque moralmente reprobable. Tampoco es solo una cuestión ética, consagra la desigualdad y los privilegios. Cuanto dejan de pagar estos afamados compatriotas nos obliga al resto a restringir servicios esenciales. Una clave es preguntarse quiénes hacen o inspiran las leyes en este degradado sistema. A quién benefician: el famoso Cui Prodest de la justicia. Mossack Fonseca de Panamá es una de las principales firmas, pero no la única. Sociedades pantalla para poner distancia entre tu dinero y tú, para desvincular el dinero del inversor de los fines a los que se aplica. Los centros offshore no preguntan la procedencia, conviene insistir. Y la opacidad puede amparar desde el fomento del terrorismo al tráfico de armas y personas.


Prácticamente un 25% de los depósitos bancarios se halla en paraísos fiscales. Baste comparar en una simple lección de Historia para darse cuenta de lo poco que ha cambiado, en el fondo, la situación de los estamentos privilegiados surgidos en la Edad Media y consolidados en la Moderna con la casta que aparece retratada en la exclusiva de los papeles de Panamá. No pagar impuestos, vivir en su burbuja, saquear el bien común. Todo bien engrasado por los gestores de la usura y el desfalco, esos entes sistémicos rescatados por la plebe que así lo agradecen, con barrotes anti-indigentes. Incluyendo a limpiabotas, gladiadores, folclóricas, bufones y rapsodas del poder, como Vargas Llosa, coherente en su avaricia y paradigma del intelectual al servicio del canibalismo económico -como denunciaba recientemente la escritora Arundhati Roy: en otro tiempo, el papel de los escritores y periodistas era ser azote de acomodados y consuelo de afligidos. Ahora consuelan a los acomodados y azotan a los afligidos.

Unido al enésimo desbordamiento de la cloaca patria, no puede haber ya duda alguna de que se trata de una putrefacción estructural -y no de cuatro manzanas podridas-, pero no conviene confiarse: hay demasiado ruido inmanejable y fragmentario en esta edad de distopía financiera y oscurantismo espectacular. No hay que confundir información con conocimiento, sin el imprescindible ejercicio crítico de la reflexión, el análisis y la interpretación, previo a la acción en consecuencia, este torrente de transparencia acabará como otra marchita flor de un día:
Tal vez por eso sea importante repensarlo, en lugar de refugiarse en la ilusión de que cuarenta mil seguidores en Twitter son la expresión de una nueva hegemonía cultural. Lo cierto es que el saber no nos está haciendo más libres, salvo a la manera estoica, hegeliana, de la conciencia desdichada: nos permite sobrellevar las relaciones de poder con una cierta superioridad moral, basada fundamentalmente en el orgullo del que sabe o cree saber frente a la masa ignorante que vive en las tinieblas. Lo cierto, también, es que es el éxito el que lava los pecados del mundo, y que a Messi no se le adora porque se desconozca su vida fiscal, sino porque es un jugador excepcional (o eso dicen los que saben de fútbol). 
El desocultamiento de los secretos bancarios y de Estado (cada vez más anudados unos con otros, si es que alguna vez estuvieron separados) nos obliga a una astucia de nuevo cuño: combinar la lenta construcción de una nueva hegemonía con una no menos lenta actividad prosaica, de denuncia (ante los tribunales, no ante los egos electrónicos de nuestros amigos), de rechazo (puede que ya se den las condiciones para una campaña masiva de desobediencia fiscal). En cualquier caso, desconfiemos de la vulnerabilidad de los poderes frente al flujo de secretos: por ingente que sea la información contenida en ellos, si a los papeles de Panamá no se les da una traducción jurídica y política, llegará el día en que nos los vendan como coleccionables con el ABC.
Salud y res publica.

lunes, 11 de abril de 2016

metafísica económica y oscurantismo espectacular



A continuación, la mayor parte del soberbio tercer capítulo del ya citado y fundamental Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial, del antropólogo y activista Emilio Santiago Muíño, en el que varios extractos alcanzan una brillante lucidez, erudición y dominio de la lengua. Su lectura -del ensayo completo en realidad- es más que recomendable:

"La macroeconomía es un fracaso [...]. Nunca una ciencia, o una supuesta ciencia, ha sido aceptada tan indulgentemente. Y nunca un experimento ha dejado tantos fracasos, sorpresas desagradables, esperanzas frustradas y confusión al punto de que surge seriamente la duda de si esta tragedia será reparable. 
Max Neef
La colonización capitalista de las ciencias

La crisis civilizatoria no responde solo al ahogo de las dinámicas de acumulación y la creciente escasez de recursos. Es también producto de la ruina en nuestra manera de representar la realidad, de pensar sus interacciones y de valorar qué es lo adecuado. Dado que esta fractura simbólica suele ser dejada de lado en muchos análisis, merece la pena profundizar en su influencia. Detengámonos en dos aspectos: los efectos de la ciencia económica y la existencia de condiciones culturales que dificultan la posibilidad del pensamiento estratégico.

Las ciencias modernas están levantadas sobre los mismos fundamentos y relaciones sociales que el resto del capitalismo. Son ciencias capitalistas. Su carácter histórico no significa que la verdad sea inalcanzable, como argumentan los relativistas gnoseológicos (pues, desde su punto de vista, esta siempre estaría contaminada de las particularidades de su tiempo y su marco sociocultural). El conocimiento objetivo existe, es un proceso colectivo que se abre paso a través de todos los prejuicios*. Los resultados científicos, cuando son verdaderos, dejan de ser culturales, aunque hayan sido elaborados y construidos desde una particularidad cultural determinada. Lo mismo sucede cuando son falsos. Sin embargo, es indudable que el modo de planificar, organizar o incluso cimentar categorialmente ese conocimiento objetivo nos viene muy marcado por el peso del ambiente social y cultural y sus determinaciones. En el caso de la civilización capitalista, esto influye en tres ámbitos.

Las formas básicas de la estructura social capitalista se trasladan a las formas de nuestras estructuras lógicas, primando estilos de pensamiento reduccionistas, fragmentarios, no-dialécticos, basados en los principios de la mecánica clásica.

Alrededor de las estructuras lógicas y los hechos empíricos de las ciencias se levanta todo un cascarón de narrativas y relatos que no son inocentes, y que moldean los argumentos científicos: Marx y Engels, aunque se entusiasmaron con las ideas de Darwin, ya detectaron en ellas una carga de prejuicios propia del mundo cultural de la Inglaterra victoriana.

La ciencia carece de autonomía respecto al mundo del dinero, y la poca que tenía está siendo erosionada a gran velocidad: así lo demuestra la mercantilización universitaria y su reorganización en base a criterios de rentabilidad económica, que es un efecto colateral del ahogo del ciclo del valor y su necesidad de atrapar espacios sociales autónomos o débilmente mercantilizados**.

La economía neoclásica como lógica ajena al mundo

Por su arquitectura conceptual tan débil, y por su alta influencia en las instancias de dirección de nuestras sociedades, ninguna ciencia expresa, y a la vez fomenta, la irracionalidad estructural del capitalismo como la economía neoclásica***. El carácter irracional y metafísico de la ciencia económica se delata en su misma genealogía científica: sigue siendo una ciencia pretermodinámica, predarwiniana y preecológica. Muchos de sus errores derivan de esa impronta mecanicista que sacudió al mundo desde el siglo XVII con una peligrosa tentación: la de extender a todos los campos de la realidad los logros de la física newtoniana. La reflexión económica se entregó a esta tentación, asumiendo entonces una percepción parcelaria, homogénea, fragmentaria y vinculada por relaciones lineales (Naredo, 1987) en la que tenía una primacía ontológica la idea de equilibrio y epistemológica-metodológica la abstracción. Pero mientras que desde finales del siglo XIX las ciencias naturales de inspiración newtonianas se derrumbaban, la economía se mantuvo firme en ese modelo hasta que obras como las de Georgescu-Roegen han abierto una falla radical al poner sobre la mesa cuestiones económicas de consideración imprescindible, como la ley entrópica.

En la esencia mecanicista de la economía clásica está el origen de muchos de sus postulados equívocos, que hoy funcionan como axiomas económicos determinando los procesos de gobernanza social y que son, sin embargo, falsos. A continuación se presentan en 14 tesis los puntos ciegos económicos más recurrentemente criticados desde ámbitos como la ecología, la antropología o la sociología.

La economía neoclásica se basa en una inversión ontológica: en vez de concebir la economía como un subsistema de la sociedad y esta, a su vez, de la biosfera, opera al contrario y entiende el mundo físico como un subsistema de la economía. La economía nos hace vivir, literalmente, en un mundo al revés. [...] En relación con el desarrollo humano, la inversión ontológica se expresa en el hecho de que es la obtención de beneficios la primacía del proceso económico, y las necesidades humanas solo se satisfacen como un daño colateral del aumento de la masa global de plusvalor.
La economía neoclásica prescinde de cualquier reflexión en relación a las necesidades humanas, que son dadas por el ambiente sociocultural sin examinar las determinaciones históricas que las construyen ni su dimensión moral. La escasez es así considerada como una propiedad consustancial de lo humano sin aclarar que se trata siempre de una relación entre medios y fines. En consecuencia, la pregunta por el sentido final del proceso económico queda en el limbo, desplegándose la producción como una tautología infinita que se alimenta de su propio movimiento.
La economía neoclásica trabaja con una noción de sistema cerrado, equilibrado, en esencia locomotriz y, por tanto, reversible. Pero todos los procesos vivos son procesos abiertos, en permanente desequilibrio, sujetos a la flecha unidireccional del tiempo en los que entropía, y por tanto el desorden, tienden a aumentar.
A través de las lentes de la economía neoclásica la heterogeneidad material (y cualitativamente exuberante) de la realidad es sometida a una abstracción homogénea y cuantitativa que conduce al error de la equiparabilidad y sustituibilidad de los bienes económicos entre sí.
La economía neoclásica se basa en un recorte de la realidad reduccionista, en el que solo el subconjunto de lo intercambiable dentro de criterios monetarios entra dentro de la consideración económica. Esto genera un doble efecto: deja fuera del cálculo económico amplios aspectos de la realidad, desde la naturaleza a los cuidados, que son fundamentales para la vida social y facilita la privatización del mundo mediante un proceso de imperialismo económico que impone a todo relaciones de propiedad.
La economía neoclásica cimienta su contabilidad en el sistema de precios, desde el que resulta imposible valorar las especificidades cualitativas de un bien más allá de su demanda cuantitativa con relación a una percepción de escasez. [...]
La economía neoclásica bebe de una mala antropología: una concepción muy pobre del ser humano como agente racional individual optimizador de recursos. Esto es profundamente incompatible con todo lo que la literatura psicológica, antropológica, sociológica e historiográfica nos enseña sobre la acción humana. El comportamiento humano está atravesado por una complejidad de motivaciones que determinan sus preferencias y que siempre se dan en contextos culturales donde las inercias y las rutinas (el habitus, en un sentido bourdieuano) pesan mucho más que los cálculos racionales.
Frente a la idea de maximización que dirige el impulso económico neoclásico, el comportamiento de cualquier ser vivo es mas satisfaciente que maximizador. En los sistemas complejos, como un metabolismo social, al maximizar una variable deprimimos otras. Estos sistemas se mantienen por la multiplicación de redundancias, pero la maximización elimina las redundancias. Como dice Jorge Riechmann (2011), la lógica de maximización es, sencillamente, ajena al mundo.
La economía neoclásica parte de una concepción ontológica incapaz de comprender las emergencias que surgen en los procesos sistémicos. De este modo carece de herramientas para distinguir las cualidades diferenciadas de los procesos micro y los procesos macro.
La economía neoclásica cristaliza una concepción ahistórica, ontologizada y etnocentrista tanto del propio hecho económico como de la disciplina económica y sus premisas.
La economía neoclásica ignora la sociedad y demuestra una total ausencia de reflexión sobre las estructuras sociales y los mecanismos de poder que condicionan la realidad económica, y que la economía ayuda a reproducir. En otras palabras, es incapaz de entender la conexión entre: a) su primacía científica y un proyecto de sociedad asociado a una cierta distribución desigual de la riqueza y el poder (hegemonía capitalista) y b) su primacía científica y un proceso estructural de hacer sociedad que se impone a nivel inconsciente (fetichismo de la mercancía).

El predominio de la economía neoclásica como cosmovisión triunfante es siniestramente autorreferencial. Funciona porque no significa más que la traducción, a un lenguaje pseudocientífico, de las dinámicas estructurales del capitalismo. En la medida en que lo económico va subsumiendo cada vez más realidades sociales, la economía neoclásica va diseñando un mundo a su imagen y semejanza, en el que es muy difícil progresar personalmente si no asumen sus postulados, y donde todas las cuestiones importantes son definidas e interpretadas dentro de los parámetros de racionalidad que esta economía pone en juego (instrumentales, reduccionistas, maximizadores, basados en el individualismo metodológico). Esto se extiende a otras ciencias, a la estrategia política y al sentido común. El resultado es una sociedad economizada y gobernada por un aparato teórico que podemos calificar de metafísico, en el sentido más literal del término, sin errar demasiado en el blanco. Como además los efectos desastrosos de esta metafísica son permanentemente diferidos y externalizados (hacias los pobres, la naturaleza o hacia el futuro), es fácil, y hasta razonable en términos egoístas de carrera profesional, instalarse en sus dogmas. Por tanto, la crisis civilizatoria es inexplicable sin entender que tenemos un sector de las élites, que es el sector mayoritario y que ocupa hoy los puestos de toma de decisiones más relevantes que, atrapados en la economía neoclásica y sus disposiciones conceptuales, son profundamente incompetentes para pensar en términos socioecológicos. Esta negligencia se derrama desde la cúpula a una buena parte de la sociedad.

Sociedad del espectáculo y nueva ignorancia

Nuestra particular "crisis de sabiduría" que diagnosticaba Georgescu-Roegen se expresa también en la pérdida de condiciones de posibilidad para el pensamiento colectivo. En otras palabras, estamos asistiendo a un proceso de degradación de la inteligencia humana a la hora de enfrentarse a sus retos comunes.

Marcuse nos advertía, en los años sesenta, que la sociedad industrial moderna era cada vez más irracional como totalidad. Guy Debord centró su mal comprendida obra teórica en analizar cómo tomaba forma esta irracionalidad en las sociedades keynesianas tras la Segunda Guerra Mundial. El espectáculo del que hablaba Guy Debord (1967 y 1990) no hace referencia al papel de la publicidad o los medios de comunicación: es el capitalismo y su estructura impersonal de dominación sin sujeto, que se ha desplegado como proyecto civilizador tautológico y autodestructivo. Para Debord, que esto sea posible implica un proceso histórico de irracionalización colectiva en el que los significados de las cosas se mistifican y falsifican. Este proceso tiene lugar a través de una constante falta de adecuación de las construcciones simbólicas y lingüísticas de nuestra sociedad respecto a los hecho objetivos en los que esta tiene que desenvolverse. Y que hace posible que una pantomima tan absurda como la hora del planeta, que pretende apagar una hora las luces del sector doméstico para mitigar el cambio climático, pueda ser un ritual seguido por millones de personas sin sentir vergüenza. Cualquiera puede poner aquí el ejemplo que quiera de una lista de disonancias causa-efecto, representación-realidad, que sería infinita.

Así, el espectáculo debe ser entendido no como un dispositivo circense de manipulación de masas, sino como un nuevo oscurantismo que brota espontáneamente de las condiciones de producción modernas (Debord, 1990). Contrasta esta tesis con el mito de la sociedad del conocimiento. Pero, como desvela Kurz (2002), esta sociedad entiende el conocimiento como información: una dinámica de respuesta automática y unilateral, casi pavloviana, ante signos. [...]

La primera dimensión del espectáculo es el ruido inmanejable. En nuestro presente, el volumen de datos sobre cualquier cosa crece exuberantemente día tras día. La conectividad digital amplifica la inflación de información. Es ya un tópico común que todo especialista tiene que lidiar constantemente con una avalancha de datos para, simplemente, mantenerse al día en su campo y no quedarse anticuado. Así, cualquier inquietud que trascienda el ajuste compulsivo de los enfoques particulares queda sepultada bajo el imperativo de la actualidad.

Además, la proliferación desmesurada de información nace de un conocimiento funcional cada vez más esotérico en este marco técnico tan complejo, lo que sirve para hacer algo exige mucha especialización intelectual. Cada vez más. Y es que las leyes de la competitividad que nos impone el capitalismo generan saberes muy fragmentados y encerrados dentro de ámbitos expertos. Esto implica una desaparición, o al menos degradación, de las capacidades para el conocimiento reflexivo de síntesis.

Merece la pena citar en extenso a Mumford, que entendió las implicaciones de esta desaparición del conocimiento de síntesis de modo preclaro:
En el universo de la ciencia en deflagración, los fragmentos dispersos se alejan del centro humano con una aceleración creciente. A causa de nuestro ensimismamiento con la velocidad y la productividad, hemos hecho caso omiso de la necesidad de evaluar, corregir, integrar y asimilar socialmente lo que se produce. En la práctica, esto ha dado lugar a una incapacidad para utilizar algo más que un pedacito del corpus de conocimiento existente; sobre todo lo que esté de moda o sea disponible de inmediato porque así podrá utilizarse comercial o militarmente. Esa actitud, que ya ha producido unos estragos formidables en medicina, como podrá asegurar cualquier especialista íntegro y competente, y los resultados son cada vez más obvios en las demás actividades profesionales. (Mumford, 2011: 209)
Por todas partes, informes parciales nos alertan de tal o cual detalle sobre la situación del mundo que bastarían para demostrar, a la mínima que se pensase interrelacionando factores, que la vía del crecimiento económico es ya una inmolación. Pero, como decía Debord (2000), es el odio de nuestros amos por la dialéctica lo que nos ha conducido a esta cloaca.

Así, nuestra cultura es un entramado complejísimo de instrumentos que podemos manejar sin saber en absoluto cómo funcionan ni poder plantearnos si está bien o mal o por qué debemos usarlos. Simplemente reaccionamos ante signos que tienen consecuencias. Esto sirve para el uso de un programa de ordenador  o para el funcionamiento de un mercado de deuda pública (las famosas señales de los merados). El conocimiento práctico humano ha quedado dividido en dos campos: el de la vida cotidiana, conformado por una suerte de interfaz cada vez más simple; el otro, compuesto por un racimo de millones de espacios de conocimiento iniciático, cada vez más sordos a cualquier interés que no sea concentrarse en saber cada vez más de cada vez menos cosas.

A partir de esta idea de la sociedad del espectáculo**** es posible entender que, desde hace décadas, y, a pesar de la ilusión de omnipotencia que pueda aparentar, el capitalismo sufre un progresivo deterioro en el grado de control sobre sus propias dinámicas. Debord hablaba tanto de una pérdida de la capacidad para el pensamiento estratégico por parte de la dirigencia como de un déficit de control. Tainter ya advirtió, como he señalado, que las sociedades complejas tienden a padecer un fenómeno de rendimientos decrecientes del control social por culpa del aumento de la complejidad. Así funcionan históricamente los colapsos. Y frente al mito de la conspiración es más interesante, y más fiel a la verdad, constatar que nuestras elites saltan, improvisadamente, de coyuntura en coyuntura aguijoneados por el cortoplacismo que la lógica del capital impone.

Así que, por tanto, ya no se trata solo de que los medios de comunicación manipulen la información al servicio de los grupos poderosos, cosa que por supuesto siguen y seguirán haciendo. El secreto de nuestra época es que la red difusa del conocimiento del poder, pues los decisores políticos, salvo contadas excepciones, funcionan con asesores, solo pueden formar un puzle desparramado, un ruido de fondo con los acentos de los distintos provincianismos epistemológicos que suponen sus especializaciones profesionales. Que a su vez están distorsionadas por la necesidad de venderse como mercancías atractivas y hacerse un hueco en este mundo de mercaderes [...].

El espectáculo implica una disolución de la lógica, de la memoria y una descompresión de lo real profundamente perturbadora. Bajo la sobreexposición mediática, la realidad es un torrente de acontecimientos abrumador e inabarcable. Esto produce un clima asfixiante de presente perpetuo. Del accidente de Fukushima a los atentados de París, los problemas sociales se levantan y luego se disuelven a una velocidad tal que no deja ni la más mínima huella reflexiva. La memoria colectiva se degrada, en la vida cotidiana los sucesos públicos adquieren la consistencia de una pompa de jabón, y todo lo que quiera tener efectos está obligado a ser radicalmente chillón. En estas condiciones, la lógica colectiva se diluye en la rapidez. Por eso esta sociedad puede convivir, sin perturbarse, en su condena a muerte programada. Habitamos una concepción del tiempo falsamente cíclica, vinculada a las subidas y bajadas de mareas de la producción de mercancías y a las legislaturas políticas, lo que genera condiciones sociales fértiles para el gran desastre del pensamiento moderno: que una década sea considerada largo plazo. Todo esto no afecta solo a las masas, sino también a las élites políticas.

Finalmente, en este nuevo oscurantismo juega un papel que no es despreciable el espectáculo, en el sentido pobre del término, que es el empleado de modo mayoritario. Esto es, el cuerpo de imágenes visuales construidas a través de la industria del cine, la publicidad y los medios de comunicación. Este torrente de imágenes satura los imaginarios modernos y tiene efectos constatables en los comportamientos subjetivos. Los ídolos mediáticos, y en mayor medida y mucho más importante las situaciones mediáticamente estereotipadas, se convierten en vectores de socialización, y por tanto en péndulos hipnóticos del sonambulismo que caracterizan a las sociedades modernas. Más allá de los incorregibles antisistema, que como los cristianos en Roma viven en las catacumbas de nuestro universo cultural, ¿quién puede siquiera imaginar que la libertad consiste en otra cosa  que en un coche circulando por una carretera vacía en un paraje natural sobrecogedor? ¿Quién puede pensar que la felicidad es algo diferente al prolongamiento, a cualquier precio, de una juventud desenfadada y supuestamente deslumbrante? ¿Quién puede concebir otra forma de reconocimiento social que no sea la envidia por estatus de compra? ¿Quién puede dudar de que una manifestación de un millón de personas que abre un telediario no signifique políticamente algo? Aunque nuestra experiencia personal sobre cada una de estas realidades se empeñe en decir lo contrario, la fuerza de la imagen construida por el terrorismo psicológico del espectáculo prevalece. Y nos sitúa en una correlación de fuerzas titánicamente desigual para librar la batalla por un sentido de la vida que vuelva ser socioecológicamente razonable."

_______________________________
* Es preciso no olvidar que toda la persuasión política de un sistema totalitario como la URSS no sirvió para hacer triunfar las tesis genetistas de Lisenko, que se demostraron fruto de un paradigma biológico erróneo.
** Así nos encontramos con una delirante fragmentación del hacer científico, una exacerbación del principio de competencias frente al principio de cooperación, información tratada como propiedad y por tanto de circulación restringida, precarización laboral, ritmos casi industriales de publicación de artículos sin correspondencia con desarrollos cognitivos reales (lo que genera un fuerte ruido de fondo que dificulta la discusión científica), una dictadura utilitaria de cortas miras gobernada por la necesidad de demostrar impactos económicos en el corto plazo que condiciona los proyectos de investigación, aumento del peso y la importancia del marketing científico como mecanismo de supervivencia en la selva de un mercado muy estresado.
*** Esto no afecta por completo a la economía como ciencia ni a todas las escuelas económicas por igual. La economía ecológica supone un intento loable, y sumamente interesante, de organizar la economía desde las antípodas de los errores que aquí se exponen. Incluso la primera economía política era mucho más capaz de poder dar cuenta de los procesos sociales que la economía neoclásica.
**** La noción de sociedad del espectáculo tiene muchas más implicaciones en la crisis civilizatoria, que por cuestiones de espacio y coherencia argumentativa no se pueden manejar aquí. Baste pensar en el peligrosísimo proceso de homogeneización cultural que hemos sufrido en el siglo XX, y con ella la desaparición de miles de saberes y códigos culturales ecológicamente adaptados a realidades locales que suponen, como afirma Víctor Toledo, la memoria de la especie: "El mundo moderno está llevando a toda la especie al borde de un estado general de amnesia, a una metafórica muerte cerebral" (Toledo 2011: 209). En la naturaleza, los procesos tan abruptos de pérdida de biodiversidad intraespecífica suelen ser prolegómenos de extinciones.

martes, 22 de marzo de 2016

cinco años



Mi hija cumplirá cinco años en unos meses. El quinquenio era la duración de aquellos acelerados planes de desarrollo agrícola e industrial del fallido orden soviético. De modo individual, un lustro es un plazo que ha volado cuando te quieres dar cuenta. Al parecer, tenemos ya un vencimiento quinquenal que no se puede postergar:
- Podemos contar con aproximadamente un lustro para efectuar una gran intervención pedagógica con vistas a crear un estado de opinión pública capaz de conformar una mayoría social en pos del cambio. 
- ¿Solo nos quedan cinco años? 
- Me parece importante poner una fecha. Lo que intento decir es que ya no se puede organizar una transición ordenada. Cinco años es una fecha manejable a nivel mental. La oportunidad de hacer las cosas bien ya la hemos perdido. En nuestro escenario, ya nadie nos libra de unos niveles de sufrimiento social alto. Eso lo tengo claro. Lo que quiere decir “cinco años” es que hay que actuar ya porque el panorama es muy sombrío. Ya no podemos tomar tierra de manera normal, solo intentar un aterrizaje de emergencia.
[Extracto de una entrevista a Emilio Santiago Muiño, autor del necesario y sobresaliente Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial]
De un tiempo a esta parte, no dejo de leer y escuchar cada vez más voces que alertan del colapso ecológico y social cercano. Un runrún creciente y más ruidoso día a día pero aún demasiado minoritario -prácticamente ausente en los canales habituales del debate público. Tal vez, en el fondo o, de alguna manera, en la esencia de lo que somos, la mayoría sentimos que la cosa marcha mal. Porque todos deberíamos decir que está rematadamente mal, que es uno de los momentos más críticos -el más crítico, según Noam Chomsky- de nuestra especie.

Ni siquiera en el caso de que rehuyéramos una visión general catastrófica, apocalíptica y/o agorera, otros elementos ya suponen por separado bastante catástrofe, varios de ellos una auténtica debacle en sí mismos: el temible Tratado Transatlántico de Libre Comercio -Susan George de ATTAC te explica siete razones para rechazarlo y Carlos Taibo ha escrito un libro para desentrañarlo en profundidad-, la huida hacia adelante del dinero de la nada (para la banca) o la escapada del Quantitative Easing -en paralelo a la crisis de recursos-, la tenebrosa cloaca moral de la Unión Europea y su patada colectiva a migrantes y refugiados, la brutal consolidación de la sociedad excluyente tras la (no) recuperación económica, el cinismo de la doctrina del mal menor, la intoxicación informativa, el encarcelamiento de las ideas y la repugnante utilización banal y total del terrorismo, el programado genocidio sobre todo tipo de activistas -últimamente se han cebado sobre los ecologistas, el último caso sonado el de Berta Cáceres, pero no el único- o la real y peligrosa extinción de las abejas que puede suponer un punto y final.

Hoy nuestro modo de vida no es sostenible. Y será una evidencia completa cuando las consecuencias del desastre climático sean mucho más contundentes para los países centrales. Los que nos hemos ido acostumbrando a la precariedad no nos costará tanto adaptarnos al nuevo tiempo. Mucho menos aún los que llevan así toda la vida. Vivir en la periferia, sobrevivir en los márgenes, perspectiva de cada vez más amplias capas sociales, también del centro. Porque, como afirma la escritora Arundhati Roy -autora del rotundo ensayo Espectros del capitalismo- en una reciente entrevista, "el capitalismo fracasará como fracasó el comunismo", y el factor tierra (y sus límites) será esencial. Roy explica en su texto la relación entre el sistema económico y el sufrimiento de mucha gente, con ejemplos concretos de la India, contextualizada en lo que somos y  poniendo de relieve el papel lacayo de buena parte de la intelectualidad:
Somos una especie psicótica, y es posible que nuestra inteligencia haya superado a nuestro instinto de supervivencia. 
En otro tiempo, el papel de los escritores y periodistas era ser azote de acomodados y consuelo de afligidos. Ahora consuelan a los acomodados y azotan a los afligidos
El colapso del actual sistema urbano-agro-industrial es inevitable, y Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes han desarrollado esta tesis en su obra En la espiral de la energía, un estudio extenso y en profundidad sobre la historia de la humanidad y su futuro desde el papel de la energía (pero no solo). El cambio podría empezar por calibrar y apreciar la vida más allá del Producto Interior Bruto: afortunadamente, son ya varias (y variadas) las alternativas para medir el pulso económico. Y sin esperar a que la emergencia dicte a deshora la transformación por necesidad (y necedad), apremia la concienciación individual y su difusión tradicionalmente más efectiva, la del boca a oreja. Cuénteselo a su compañera, vecina, amante, amiga, hermana:
¿Es materialmente posible garantizar una dieta rica y saludable, antibióticos, gafas, bicicletas, agua potable y cierto acceso colectivo, puntual y de baja intensidad a la electricidad para toda la humanidad? Si opera un milagro político, seguramente sería posible. ¿Es posible garantizar automóvil privado, viajes baratos en avión a la otra punta del mundo, cuatro ordenadores en cada casa, dietas basadas en carne y teléfonos móviles con internet para el conjunto de la humanidad? No, las cuentas no cuadran ni cuadrarán jamás. [Extracto de Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial]

"Si la naturaleza fuera capaz de encontrar
una manera de cubrir estas naranjas,
no tendríamos que gastar tanto plástico"

sábado, 12 de marzo de 2016

la cloaca



El colapso moral, cogidito de la mano del fascismo de baja intensidad, proclama el hundimiento de Europa: sálvese quien pueda... panzudos, comisionistas, oligarcas, saqueadores y eurócratas primero. En caso de urgencia para hacer de vientre, utilizar papel de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de Refugiados. Y si la cosa se pone seria, pasar directamente a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no hay otro papel higiénico de doble hoja con tal calidad, oiga.


La cloaca ha asaltado los cielos: la miseria intelectual, la ilegalidad manifiesta y el cinismo más absoluto son los ejes sobre los que pilota toda la (ex)gobernanza europea. Los refugiados quedan abandonados a su suerte de la misma manera que la libre circulación de personas dentro de la Unión Europea vale menos que la de mercancía y capital. El canibalismo económico más feroz se instala no sólo sobre los acuerdos de la (des)vergüenza, sino, y lo que es peor, sobre las conciencias. La indiferencia, ese otro peligro moral -y mortal- junto a la ignorancia y el miedo en las mentes de la mayoría silenciosa, esa que opta por mamarrachos xenófobos.


El vertedero español se destaca en la champions league de la indignidad por su excelencia: aquí convertimos mordidas en lingotes de oro y somos unos hachas para arropar a los compis yogui. Afortunadamente, atesoramos la sorna plebeya y, sobre todo, la existencia de periodistas que hacen su trabajo frente a  los compis de la corporación mainstream al servicio del Ministerio de la Verdad que se desviven para la mordaza. Esa gran coalición de la voz de su amo que clama sin pudor -como describe acertadamente Rosa María Artal- por la muerte de la inteligencia:
Una vida dedicada a las carreras técnicas y a producir y vender bienes materiales. Y a no pensar. A no indagar en porqués y consecuencias. Ése es el futuro que ya asoma por la puerta. La cultura y el razonamiento no son rentables. Para quienes manejan los hilos de nuestras vidas cada vez con mayor perversión y desfachatez en absoluto. Para cualquier persona que se precie de tal, en cambio, resultan esenciales: la única vía para escapar de un destino maldito. Con la información como llave que abre puertas. A salvo de míticas ciencias infusas, solo el conocimiento permite formarse el criterio para afrontar decisiones. 
También puede cerrarlas. Estamos asistiendo al derrumbe en credibilidad de la prensa tradicional en España. Una auténtica caída a los infiernos. Los niveles de enfangamiento a los que ha llegado son tan escandalosos que invalidan sus propias campañas. Salvo para ese sector  cuyas cabezas han sido ya derrotadas. “Os exprimiremos hasta la saciedad y luego os llenaremos con nuestra propia esencia”, escribía George Orwell en su libro “1984” que, como otros similares, resultó premonitorio.


martes, 8 de marzo de 2016

mujeres libres


Invisibles nunca

Muchas gracias a mujeres como Olga Rodríguez, por su lucidez, honestidad y sentido crítico, en este caso de la profesión periodística. Muchas gracias por su artículo La hora del 'aggiornamento'. Muchas gracias por dar voz a los que no la tienen:
En la frontera de Macedonia, en suelo europeo, las autoridades han cortado el paso a los refugiados y les han lanzado gases lacrimógenos. Las imágenes de niños llorando agarrados a la valla son desoladoras. La policía los ha metido en autobuses y los ha mandado de vuelta a Atenas. Ya hay más de 30.000 refugiados atrapados en territorio griego. Pero eso no indigna los corazones de los gacetilleros que estos días se erigen en adalides del catolicismo. 
En Serbia y Hungría he visto cómo padres pierden a sus pequeños en la huida; cómo las fuerzas de seguridad separan a familias y envían a sus integrantes a campos de concentración; cómo agentes golpean a niños y ancianos por el simple hecho de ser refugiados. Pero los hooligans no parecen sentirse interpelados por estos atropellos que acorde a la doctrina cristiana deberían cuestionar. 
Aquí en España uno de cada tres niños está en riesgo de pobreza, hay pequeños que han sido expulsados de sus casas o que viven en hogares sin luz, sin gas o sin agua. Los gacetilleros gritan escandalizados por una obra de títeres de ficción a la que atribuyen 'efectos traumáticos' en niños pero asienten ante las medidas que condenan a muchos menores a auténticos traumas como la pobreza energética, la discriminación o la expulsión del país. Califican de obsceno que en el Ayuntamiento de Barcelona se lea un poema titulado Mare Nostra, pero no parecen ver tanta obscenidad en el desahucio de una familia o en los recortes en la educación pública de los niños. 
En estos años ha habido gente que se ha aprovechado de lo público para hacer negocio, y entre ella hay que incluir a periodistas que no han dudado en trabajar en defensa del saqueo de unos pocos a costa de la desposesión de muchos. Y para ello algunos llegan a invocar a Dios. [...] 
No hay nada que pueda unir más a personas de diferentes sectores que la defensa de la libertad de expresión y de protesta, pilares básicos de las sociedades democráticas. En los últimos años se ha producido un despertar social y político. Pero nos falta aún un 'aggiornamento' periodístico. ¿A qué estamos esperando? 
En el ejercicio mismo de este oficio va incluida la necesidad de tener capacidad de crítica y de autocrítica, de identificar las presiones y denunciar los límites a la libertad de información. Ser periodista no es servir al poder, sino vigilarlo; no es aplaudir a la elite en un escenario de desigualdad, sino cuestionarla. No es tratar la información como mera mercancía, sino como un derecho fundamental de las sociedades libres y democráticas, teniendo presente la responsabilidad social del periodismo y deseando contribuir con él a provocar “algún tipo de cambio y a remover conciencias”, como dijo el maestro Kapuscinsky.

sábado, 27 de febrero de 2016

el paripé



paripé
Del caló paruipén 'cambio, trueque'.
1. m. coloq. Fingimiento, simulación o acto hipócrita.
hacer el paripé
1. loc. verb. coloq. Presumir, darse tono. [DLE-RAE]

El PSOE -o lo que quede del partido fundado por unos obreros marxistas de una imprenta madrileña hace 137 años- tenía la última oportunidad para coser los harapos de su (ex) ideología socialdemócrata, hecha jirones desde los años 80 por su descarada y súbita conversión neoliberal y echada definitivamente a los leones de la troika en mayo de 2010, con las primeras consecuencias brutales -recorte de derechos históricos- sobre la mayoría social. Pero, de nuevo, lo ha vuelto a hacer. La enésima traición a su declinante electorado "socialista" se ha materializado en un paripé de negociación con los grupos a su izquierda mientras cerraba en secreto un acuerdo con el ultracentrista Ciudadanos.

El partido socioliberal dirigido por un tal Sánchez  ha desistido en el pacto a la naranja de algunas de sus promesas de calado, como la derogación completa de la Ley Mordaza, la reforma laboral, la LOMCE o los copagos farmacéuticos, a pesar de los intentos tramposos del buen chico de la sonrisa profidén anunciando lo que no era sobre el papel. Llama la atención la racanería en la vergonzosa propuesta de subida del 1% del salario mínimo interprofesional  y sobre el problema general de la vivienda, sin que haya referencia alguna a la paralización de los desahucios. De hecho, las primeras discrepancias de interpretación sobre el texto ya se han puesto de manifiesto entre Sánchez y Rivera, el líder del advenedizo partido naranja.

Otras grandes cesiones del PSOE a Ciudadanos se encuentran en las propuestas laborales, como el mantenimiento de la precariedad -pero con palabras bonitas- a través del "contrato estable y progresivo" (sic), la incompleta recuperación de la negociación colectiva o el complemento salarial garantizado, forma encubierta de subvencionar salarios de miseria a los empresarios y solo posible si se trabaja (frente a las diferentes modalidades de renta básica, como la medida de un "ingreso mínimo vital" bastante desdibujada). O en un sistema de permisos de maternidad y paternidad ampliados pero menos igualitario. Ninguna mención al TTIP, ni prohibición expresa del fracking, ni fin de las SICAV y los blindajes de los altos directivos de las grandes corporaciones ni concreción en Dependencia, limitación de los oligopolios, impuestos a las grandes fortunas y transacciones financieras o desintoxicación urgente de la manipulación en RTVE.

Así, en lo fundamental, serán ignoradas buena parte de las inexcusables doce propuestas ecosociales que han planteado diez organizaciones: Asamblea Feminista de Madrid, ATTAC, Campaña #NoAlTTIP, Ecologistas en Acción, Marea Blanca, Marea Verde de Madrid, Plataforma La Tortura No es Cultura, No Somos Delito, Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, Plataforma Rural. Sangrante es la falta de atención a adoptar decisiones políticas concretas y urgentes que reduzcan drásticamente la desigualdad, la pobreza, la exclusión social y la privación material, como ya se ha visto en materia de vivienda social y fin a los desahucios. Y todo el mundo sabe ya cómo varios de los negociadores con peso del PSOE se levantaban de la mesa a cuatro -con Podemos, IU-UP y Compromís- para irse a la de Ciudadanos.


La supuesta trascendencia y teatralización del asunto también ha tenido su miga, despertando la guasa en las redes sociales, y para muestra un botón: Sánchez y Rivera estarán en la FNAC mañana por la tarde firmando ejemplares del pacto. Más bien, parece evidenciar sospechosos intereses muy personales detrás de la comedia. Para rematar, la indecente pregunta sin concreción para validar el acuerdo -calificada como insulto a la inteligencia por Pérez Tapias, líder del último resto socialdemócrata del partido, la corriente Izquierda Socialista, y candidato a la secretaría general del último congreso- que la ejecutiva socioliberal tenía reservada a su militancia para votar este fin de semana, cuando con toda seguridad buena parte de esta esperaba que los acuerdos se decantasen hacia la izquierda. ¿Y si dijera que no?

El plan de Sánchez (y Rivera) se revela tras pactar un acuerdo de 66 páginas en ¿dos días?, como desentraña con brillantez Rosa Mª Artal: "La secuencia de hechos nos muestra a un político que, tras cosechar los peores resultados de la historia del PSOE, aparece como valiente y hábil negociador. Los cronistas de la corte así lo reflejaban incluso hasta el día del estreno de la obra hoy en cartel. Luego, el guión y la interpretación comienzan a hacer aguas. [...] Los contenidos del acuerdo resultan ahora casi irrelevantes por muchas vueltas que les demos, son un programa electoral. De derechas, con imprecisiones. Tendente, como pauta general, a desmontar el gran fiasco perpetrado por el PP, muy moderadamente y sin molestar. "Los votantes del PP no tendrán problema en asumirlo", dice Rivera. Una frase resume lo destrozado por el PP y la necesidad de recomponerlo: revisión del Código Penal, para volver a los principios del Código Penal de la democracia. Sí, hablamos de democracia. Algo muy serio para no mirar en qué manos se deja." 

El esperpento peripatético en el que ha acabado el gatopacto -aunque lo vistan de seda y lo aromaticen de perfume caro: que todo cambie para que nada cambie- dice mucho de sus firmantes, en especial del PSOE, según Pedro Luis Angosto: "El Partido Socialista ha intentado reírse de los demás partidos de izquierda al formalizar su primer pacto con Ciudadanos y enseñar por dónde van sus verdaderas intenciones, pero además, de confirmase esa opción, habrá emprendido el camino irreversible hacia la marginalidad, tirando por tierra tanto sus 137 años de historia como sus ideas matrices y esenciales. La situación de España exige la formación de un gobierno fuerte que elimine la nefasta labor de gobierno del Partido Popular e inaugure una era de progreso y libertad. Probablemente haya que emprender ese camino no sólo sin el Partido Socialista sino contra él, puesto que el paso dado junto a Ciudadanos anuncia otro de mayor envergadura que nos traerá más de lo mismo, y este país ya no aguante ni un gramo más de más de lo mismo. Estamos extenuados, cansados y hartos de triquiñuelas de baratillo y mal gobierno, necesitamos inaplazablemente el retorno de la ética a la política y de la política a quienes más la necesitan, aquellos que sufren víctimas del latrocinio, la explotación y el desamparo".

Hay más opiniones que analizan -mostrando su oposición en algunos casos- la esencia del acuerdo, el intento de apuntalamiento del régimen:
A continuación, una selección de extractos de dos de estas firmas:
Si nada cambia, el paso hacia el que se encamina el PSOE será histórico. A estas alturas, tras el despertar social de 2011, tras las movilizaciones políticas y sociales posteriores, hay estrategias que ya no resultan creíbles a los ojos de mucha gente.
Llevamos cuatro años luchando en la calle y en los juzgados contra leyes del PP que ahora Sánchez y Rivera pretenden dejar en vigor. Pero la desesperación del establishment por mantener todo atado y bien atado es tal que parece que ya ni siquiera al PSOE le importa no poder conservar intacto su disfraz de partido socialdemócrata. [Olga Rodríguez]
Va a ser que tenían razón los anarquistas, qué bien se está sin Gobierno. Por ahí vaga Fernández Díaz lanzando bocados furioso con su ángel custodio nervioso. Rajoy hace como que da ánimos a los suyos y a las suyas: "Rita, lo entiendo, sé fuerte. Mañana te llamaré". Pero Rita, en la peluquería y la cabeza en el secador, no oyó la llamada. Ella es una indignada y Rajoy también, abandona el plasma y se lanzó a los platós. Va a donde lo llamen aunque en Pontevedra no lo reclamen. Y los ministros, ¿do van? ¿Dónde Montoro, dónde el fabricante y vendedor de bombas, dónde el locuaz Margallo ahora sin norte, dónde el ministro Catalá que legisló para recortar las instrucciones y aún así les descubren los delitos...? ¿Y Soraya? La princesa está triste, viendo que se pierde el reino. ¿Cuál es su papel, ahora que Rajoy va por las televisiones y el Gobierno no gobierna? Sí, se está bien sin Gobierno. Mejor aún con el Gobierno en la cárcel.
Rajoy y Cospedal siguen sueltos, asustados y atentos a que no los detengan, desarticuladas células en Valencia, Mallorca, Madrid… tanta detención en diferido. Simulan que todo es normal: todos los concejales menos uno de Barberá cometieron delitos pero por qué Rita va a ser culpable también. Todos los tesoreros del PP cometieron delitos pero por qué van a ser Rajoy y Cospedal culpables también. [...]
Mientras tanto, la vida sigue. Los parados no andan; los desprotegidos no pueden guarecerse; nos enredamos en tontería digital; los empresarios de este estado de ladrones, donde el Gobierno se levantó sobre la corrupción, no se acuerdan de su anterior presidente, que está preso, y se preocupan de que el nuevo gobierno sea bueno y prudente. Y los comisarios de la Unión Europea, entregado ya otro cacho de la Europa política a las insaciables fauces británicas, nos apuntan con el dedo.
Asistimos a un vodevil. Hoy parece una cosa, mañana parece otra. Visto y no visto. No hagan caso de lo que ven, es ilusionismo político. Tras las elecciones de junio hablaremos entonces del programa de gobierno,y no nos gustará. [Suso de Toro]

La capa de hielo del Océano Ártico ha detenido su crecimiento anual, a falta de menos de un mes para que acabe la estación y comience el deshielo. Nunca antes había pasado una cosa igual, al menos no desde que se tienen registros, y además la cobertura de hielo está en mínimos históricos.

El gran desencanto en ciernes dejará este vodevil en una anécdota más entre los tantos desengaños y chascos sobrevenidos, entre una cuesta abajo fascista y de destrucción económica, como un tuerto más que no puede ni quiere mirar hacia ese horizonte:
Y a pesar de la acumulación de signos, de que ya estamos comenzando el descenso energético, de que estamos entrando en una recesión global, de que la incapacidad de gestionar algo tan crítico como la estabilidad de la inversión en producción de hidrocarburos líquidos lleva a oscilaciones tremendamente destructivas, de que en algún momento de este año o el siguiente el precio se disparará y agravará la nueva ola recesiva, de que con nuestra necedad sólo estamos agravando el problema... a pesar de eso, los análisis que vemos en los medios continúan con la misma absurda cantinela que induce a pensar que nada pasa, y no faltan algunas voces aquí y allá que dicen que lo del peak oil ha quedado desmentido, justo en el preciso momento que lo hemos superado. [The Oil Crash: Pasándose de frenada]