Una mascota para los Juego Cleptocráticos del régimen
El juego ha terminado. Cuando se apela a la fantasmagoría clásica y rancia -léase ETA- de la caspa oligárquica, la cleptocracia asume su derrota. Como poco, moral. Porque, si la culpa de todo la tiene Yoko Ono, la viudísima de John Lennon es ETA. Que no te lien, todo es ETA, excepto el (des)gobierno, el Partido Único y, ere que ere, el resto de los testaferros del sistema corrupto. Además, lo afirma esa gente de bien, responsabley de orden, que utiliza -en su línea habitual- a las víctimas del terrorismo (alguna asociación ha dicho basta) como ejército de reserva en su cruzada de la demagogia.
Este linchamiento mediático a la PAH por su campaña de escrache -cuando la auténtica coacción la ejerce día a día el sistema con su violencia estructural (desahucios, despidos, precariedad, exclusión social, miedo y represión)- confirma que los voceros del régimen "han perdido la batalla de las ideas y han iniciado la guerra de las mentiras". Se defienden como gato panza arriba cuando saben que están cerca de perder su tren de vida y sus privilegios:
Vosotros se lo estáis quitando todo. Vosotros sois los responsables de lo que os pase. Os lo merecéis. Vosotros no sois las víctimas, sois los culpables, sois la causa de los escraches que estáis padeciendo. Vosotros sois el escrache de este país. Le habéis hecho un escrache a esta democracia hasta obligarla a huir por patas. Nos habéis hecho escraches cada vez que nos reuníamos en las plazas y en las calles. Le habéis hecho decenas, cientos de escraches a los ciudadanos a golpe de porra, recorte, insulto y decretazo. [Escrache, por Javier Gallego]
Éramos tan monos, tan simpáticos cuando recibíamos los palos de la policía levantando las manos, sentados en las plazas. Éramos tan comprensibles cuando todo lo que oponíamos a su violencia, su puñetera violencia económica, cotidiana y bestial, era nuestra presencia en silencio, que ahora que sencillamente nos acercamos a decirles 'No permitiremos que usted siga condenándonos', ahora ese gesto básico les parece un acto poco menos que terrorista. Kale borroka, dicen; acoso fascista, dicen; hay que ver los pobres hijos del ministro, dicen los que no dijeron nada con los miles y miles de pobres hijos que empezaron hace meses su deambular por casas de abuelos, de amigos, de prestado, casas ocupadas, patadas a las puertas, viajes inciertos. Esos miles, quizás cientos de miles de hijos no han merecido palabra de los que ahora denuncian acoso, violencia, qué horror. [Escrache de trabajo, casa y cena, por Cristina Fallarás]
Y ésta es la realidad de la verdadera coacción armada para los centenares de miles de desahucios que se han producido en este país, mientras los charlatanes, pesebreros y demás lacayos del totalitarismo financiero y sus mamandurrias miraban para otro lado:
Digámoslo claro. Los escraches se sostienen no solo por la indiferencia absolutamente criminal del gobierno ante el problema de la vivienda, sino por miles de desahucios parados, movilizaciones intensísimas, ocupaciones de viviendas, ocupaciones de oficinas bancarias, negociación, diálogo y apertura. Hay escraches y tienen legitimidad porque hay un movimiento que les da sentido. Los relatos paranoicos en torno a acciones descontroladas son intencionados y ridículos.
Nada hay más organizado que un escrache. Nadie es más consciente de los límites que no se traspasan que las personas que participan, precisamente porque han adquirido un consenso de los que sí se van a traspasar. El límite que se traspasa es que “lo público y lo privado” no son esferas separadas, sino relacionadas. Por eso se va a la puerta de la casa. Por eso no se pasa de la puerta. Todos esos detalles simbólicos constituyen la legitimidad y la ética de una práctica. Compararla con cualquier desahucio revela lo evidente: en un desahucio el límite público-privado es precisamente lo que se violenta hasta el final y por la vía de la fuerza.
Pero hay algo mucho, muchísimo más importante en un escrache. Algo que ningún político ve porque solo son capaces de mirarse a sí mismos: Un escrache es una acción en el que las personas afectadas se organizan, se visibilizan y se sienten arropadas y acompañadas por otras personas. Los escraches son también la expresión de un afecto, de un grupo que se cuida y se acompaña. Son un mecanismo contra la individualidad. Es decir, son un mecanismo contra la desesperación. Son nuestro ir a Papandreu y echarle del restaurante. Pero además lo es sostenido por un espacio político organizado. No son un grito, una persecución o una torta en medio de la calle fruto de la rabia. Al contrario, gobiernan la rabia y la convierten en potencia. Son una expresión (una más) de que el poder de los de abajo se construye en común y que los de arriba son un desgraciado accidente en el camino de ese poder, de esa fuerza colectiva. Los escraches son la catarsis de una angustia en el mejor sentido. Son mecanismos para que las personas desahuciadas no sean víctimas, sino sujetos.
Es decir, son democracia.
A la espera de la decisión final...
El juego ha acabado. La crisis es el capitalismo. Y sus sicarios están en las principales instituciones. Sus augures no dejan de prever crecimiento, pero, como en el día de la marmota, siempre lo dejan para el año siguiente, ese que nunca llega: la OCDE considera que las reformas estructurales realizadas en países como España, Italia, Grecia e Irlanda ofrecen "una base sólida" para una recuperación de la competitividad y el incremento del empleo cuando se produzca una recuperación de la demanda (sic). Previendo una recuperación que nunca llegará. Los ejemplos de incompetencia, parasitismo y esperpento aparecen por horas. Con una deuda impagable, una descomunal bola que se incrementa por minutos. Pero sus consecuencias son cada vez más graves, como demuestran las amenazas de los burócratas de la EuroEstafa: como el experimento chipriota, la confiscación general de toda liquidez disponible en particulares para rescatar la patraña financiera y sus intereses corporativos. El corralito, a la vuelta de la esquina:
Frente a la realidad de la violencia estructural -vía deuda, rescate, recortes, censura, represión...-, la confiscación general del patrimonio común e individual y la consecuente autodefensa ciudadana, la cleptocracia se escuda en la retórica victimista y en un cinismo que supera todo límite moral. Por eso, como acertadamente apunta Guillem Martínez, ante la coacción financiera -y el de su brazo político en el régimen- el escrache se postula como un derecho donde no lo hay. Y ahí van más argumentos del por qué es válida ésta y otras formas de desobediencia civil, en boca de Arcadi Oliveres:
El hombre cansado preside España. Quizás añore el pasado no vivido de gris subsecretario. El hombre cansado juega a ser el hombre cansado, plano y fútil. Se trabaja la imagen de prócer por accidente. Porque sabe que se desmorona el castillo de naipes. Y se va a llevar las hostias. Es posible que el hombre cansado se salve, que su fiesta de la democracia le de el relevo y todo parezca de nuevo a estrenar, que todo vuelva a cambiar para quedarse igual. Que vuelva a olvidarse que esto es la España Piramidal, una estafa piramidal. [versión edición impresa]
Parece claro que los experimentos, mucho mejor con gaseosa. El fracaso de los burócratas de la EuroEstafa -en esa quedada de amiguetes tan poco democrática en la que se ha convertido el EuroGrupo, cada vez más similar a una reunión del hampa- se desvela con el último, incompetente y transformista chantaje al que se quiere someter al pueblo de Chipre. El plan quinquenal de la crisis sigue dando sus frutos verdes, y demuestra el talante -y el talento- servil al espectro de los mercados, a esta economía zombi que está produciendo un genocidio financiero en toda regla. En su huida hacia adelante, nos roban a la cara, en un atraco a la troika: el juguete capitalista está roto, pero sus testaferros siguen con las chapuzas.
Ocupar la sede del banco malo es delito, crear la ruina de miles de personas una necesidad patriótica. #LibertadDetenidasBancoMalo
— Montxo Armendariz (@montxoarmendari) 21 de marzo de 2013
"Ha surgido, sin embargo, una crítica del capitalismo contemporáneo muy diferente de las evocadas hasta ahora. Una crítica que se pregunta: ¿y si la financiarización, lejos de haber arruinado la economía real, la hubiese, por el contrario, ayudado a sobrevivir más allá de su fecha de caducidad? ¿Y si le hubiese insuflado aliento a un cuerpo moribundo? ¿Por qué estamos tan seguros de que el capitalismo haya de escapar al ciclo de nacimiento, el crecimiento y la muerte? ¿No podría ser que contenga unos límites 'intrínsecos' de su desarrollo, unos límites que no residen solamente en la existencia de un enemigo declarado (el proletariado, los pueblos oprimidos) ni en el simple agotamiento de los recursos naturales? Durante la crisis, se puso de nuevo de moda citar a Marx. Pero el pensador alemán no habló sólo de lucha de clases. Previó igualmente la posibilidad de que un día la máquina capitalista se detuviera por sí sola, de que su dinámica se agotase. ¿Por qué? La producción capitalista de mercancías contiene, desde el inicio, una contradicción interna, una verdadera bomba de relojería colocada en sus mismos fundamentos. No se puede hacer fructificar el capital ni, por tanto, acumularlo, si no es explotando la fuerza de trabajo. Pero el trabajador, para que pueda generar beneficios para quien lo emplea, debe estar equipado con los instrumentos necesarios, y hoy en día con tecnologías punteras. De ahí resulta una carrera continua, dictada por la competencia, por el empleo de las tecnologías. En cada ocasión particular, el primer empleador que recurre a una nueva tecnología sale ganando, ya que sus obreros producen más que los que no disponen de esas herramientas. Pero el sistema entero sale perdiendo, dado que las tecnologías reemplazan al trabajo humano. El valor de cada mercancía particular contiene, por tanto, una porción cada vez más exigua de trabajo humano, que es, sin embargo, la única fuente de plusvalía y, por tanto, de beneficio. El desarrollo de la tecnología reduce los beneficios en su totalidad. Durante un siglo y medio, sin embargo, la ampliación de la producción de mercancías a escala mundial pudo compensar esa tendencia a la disminución del valor de cada mercancía. Después de los años 60, este mecanismo -que ya no era otra cosa que una huida hacia delante permanente- se encasquilló. El aumento de la productividad favorecido por la microelectrónica paradójicamente puso en crisis el capitalismo. Eran necesarias inversiones cada vez más gigantescas para poner a trabajar, conforme a los estándares de productividad del mercado mundial, a los pocos obreros que quedaban. La acumulación real del capital amenazaba con detenerse. Fue en ese momento cuando el 'capital ficticio', como lo llamaba Marx, levantó el vuelo. El abandono de la convertibilidad del dólar en oro en 1971 eliminó la última válvula de seguridad, el último anclaje en la acumulación real. El crédito no es otra cosa que una anticipación de las ganancias futuras previstas. Pero cuando la producción de valor, y en consecuencia de plusvalía en la economía real se estanca (lo que nada tiene que ver con un estancamiento de la producción de cosas; pero es que el capitalismo gira en torno a la producción de valor y no de productos en cuanto valores de uso), solo las finanzas permiten a los propietarios de capital extraer beneficios que ahora son imposibles de obtener en la economía real. El ascenso del neoliberalismo a partir de 1980 no fue una sucia maniobra de los capitalistas más ávidos, ni un golpe de Estado gestado con la complicidad de políticos complacientes, como quiere creer la izquierda 'radical', El neoliberalismo era, por el contrario, la única manera de prolongar todavía un poco más la vida del sistema capitalista. Un elevado número de empresas e individuos pudieron mantener durante largo tiempo una ilusión de prosperidad gracias al crédito. Ahora también esta muleta se ha roto. Pero el retorno al keynesianismo, evocado un poco por todos lados, será del todo imposible: ya no hay dinero 'real' suficiente a disposición de los Estados, es decir, dinero que no haya sido creado por decreto o por especulación, sino que sea el fruto de una producción de mercancías conforme a los estándares de productividad del mercado mundial. Por el momento, los 'decisores' han aplazado un poco el 'Mene, Tekel, Peres', añadiendo otro cero a las delirantes cifras escritas sobre las pantallas y a las cuales ya no corresponde nada. Los préstamos acordados para salvar a los bancos son diez veces superiores a los agujeros que hacían temblar los mercados hace veinte años -¡aunque la producción real (digamos, banalmente, el PIB) ha aumentado alrededor del 20-30%!-. El 'crecimiento económico' de los años 80 y 90 ya no tenía base autónoma, sino que era el resultado de las burbujas financieras. Y cuando tales burbujas hayan estallado ya no habrá 'saneamiento' tras el cual todo vuelva a empezar. ¿Por qué este sistema aún no se ha hundido por completo? ¿A qué se debe su supervivencia provisional? Esencialmente, al crédito. Frente a las crecientes dificultades, a lo largo del siglo, para financiar la valorización de la fuerza del trabajo, y en consecuencia, para invertir en capital fijo, el recurso a créditos cada vez más masivos no constituía ninguna aberración; al contrario, era inevitable. Incluso durante el dominio de los monetaristas neoliberales, el endeudamiento aumentó intensamente. Que este crédito sea privado o público, interior o exterior, no cambia mucho la situación. La evolución continua e irreversible de la tecnología aumenta permanentemente la distancia entre el papel de la fuerza de trabajo -que, repitámoslo, es la única fuente de valor y plusvalía- y el papel, cada vez más importante, de los instrumentos de trabajo, deben pagarse con la plusvalía obtenida mediante la explotación de la fuerza de trabajo. En consecuencia, el recurso al crédito no puede más que aumentar con el transcurso de los años y encaminarse hacia un punto sin retorno. El crédito, que es un beneficio consumido antes de haberse realizado, puede posponer el momento en el que el capitalismo alcance sus límites sistémicos, pero no puede abolirlo. Incluso el mejor de los encarnizamientos terapéuticos debe concluir algún día."
"En una situación de necesidad los desempleados tienen que aceptar como normal trabajar en condiciones de explotación y la precariedad laboral"
[Leire Corrales, concejala del Paro del Ayuntamiento de Sestao]
En su escapada, el régimen se asemeja ya a un vulgar montaje de trileros, a una timba de recalcitrantes del póquer con la baraja revenida y las cartas marcadas. Los escándalos empresariales y financieros se suceden uno tras otro, revelándose Pescanova en el paradigma del truco -venta previa de acciones- justo antes del hundimiento. La corrupción institucionalizada, desbocada y sin consecuencias legales -pocos medios, prescripciones benévolas o indultos favorecen que muy pocos casos investigados tengan consecuencias para sus responsables. La mentira, convertida en una auténtica ley de bases en el discurso oficial: ayer la deriva represiva, hoy es el déficit, mañana el silencio absoluto.
Los únicos brotes verdes, el aumento imparable de milmillonarios. La realidad, un paro en más de un cuarto de la población activa española que ya se antoja estructural, una brecha social y salarial que no deja de dispararse o una hipocresía infinita en la doble vara de medir entre la libertad de expresión de un ministro rancio y homófobo y de un dimitido fiscal superior de Cataluña que habló de consultar al pueblo. Así, la impunidad caníbal y suicida vive sus días de vino y rosas. La de todos los que quieren seguir rapiñando por encima de nuestras posibilidades. La del genocidio financiero. La de siempre.
Por eso, no lo llame #MarcaEspaña, diga #MafiaEspaña. Y empiece a desobedecer.
Toda una declaración de principios (y de Hacienda)
"La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido y como fue una indemnización en diferido, en forma, efectivamente, de simulación de... simulación, o de lo que hubiera sido en diferido en partes de una... de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención de la Seguridad Social. Es que si no hubiera sido... ahora se habla mucho de pagos que no tienen retenciones a la Seguridad Social, ¿verdad? Pues aquí se quiso hacer como hay que hacerlo, con la retención a la Seguridad Social..."
La tiranía es el fracaso de un régimen. Y el fracaso del régimen se revela en la podredumbre que desborda todas sus instituciones, en la demagogia de sus voceros -esos charlatanes apoltronados en nidos de sobres e intereses cruzados- al tratar de asociar protesta y 15M -léase revuelta desde abajo- con Beppe Grillo, "populismo", "golpismo", "totalitarismo" y "antipolítica", en su huida hacia adelante mediante la deriva represiva hacia todo sector social contestario, en su denodada fe en la (pronta) recuperación del espectral sistema financiero y, sobre todo, en el autismo hacia convocatorias como la Marea Ciudadana y la censura sobre su seguimiento por millones de personas. A pesar de los mensajes desesperados de los limpiabotas del capital, eppur si muove.
El discurso de la cleptocracia -del mismo modo que el (anti)sistema que trata de apuntalar- está quebrado. Definitivamente roto. Ya sólo apela a la estrategia del miedo, la zanahoria y el palo. En diferido, esta democracia simulada se agarra -como a un clavo ardiendo- a la perversión del lenguaje. Para los burócratas del Partido Único -incapaces, afirman, de encontrar una auditoría externa para sus ajustes de cuentas, a pesar de que los técnicos de Hacienda hace semanas que se ofrecieron-, no deben usarse las palabras "desahucios", "lanzamientos" o "desalojos". "Evidentemente, esto no afecta a los okupas", concluye la circular. No diga DESAHUCIO, llámelo X. O siga el ejemplo de Don Tancredo, que ni nombró la temida palabra en el debate del estado de la corrupción.
Lenguaje pervertido, mecánico, falaz. Lenguaje farolero y enfermo. Lenguaje puro de androides, retorcido hasta la tiranía.
La subcontratante de la primera subcontrata será considerada como la subcontrata de la parte contratante. O lo que es lo mismo, la subcontratante de la subcontrata de la subcontrata de la subcontrata de la subcontrata de la subcontrata de la subcontrata de la subcontrata de la contrata de la parte contratante.
P.D.: "Me gustaría dedicar este Goya a toda esa gente en este país que ha perdido sus casas, sus ilusiones, sus esperanzas, su futuro, e incluso sus vidas, por culpa de un sistema quebrado, injusto, obsoleto que permite robar a los pobres para dárselo a los ricos" [Maribel Verdú, a pesar de la parte contratante]
"Cuando por fin lleguemos a nuestra época, comprobaremos que la sociedad urbana ha llegado a un punto en que los caminos se separan. Entonces, con una conciencia más aguda de nuestro pasado y con una comprensión más nítida de decisiones tomadas largo tiempo atrás, y a que a menudo nos rigen todavía, estaremos en condiciones de examinar la disyuntiva que ahora enfrenta al hombre y que, de uno u otro modo, en última instancia lo transformará, a saber, la de si se consagrará al desarrollo de su propia humanidad más profunda o bien si se rendirá a las fuerzas ya casi automáticas que él mismo ha puesto en marcha, cediendo el lugar a su otro yo deshumanizado: el 'hombre posthistórico'. Esta segunda opción llevaría aparejada una paulatina pérdida de sentimientos, de emoción, de audacia creadora y, por último, de conciencia. Muchas ciudades, muchas instituciones educativas y organizaciones políticas existentes han aprisionado ya al hombre posthistórico. Esta obediente criatura no tendrá necesidad de la ciudad: lo que alguna vez fue una ciudad se reducirá a las dimensiones de un centro subterráneo de control, pues, en beneficio del control y del automatismo, todos los demás tributos de la vida serán revocados. Antes de que la mayoría de la humanidad derive hacia la aceptación de esta perspectiva, atraída por mezquinas promesas de 'goce neumático' que echan una cortina de humo sobre la amenaza global, no estará de más echar nuevamente un vistazo al desarrollo histórico del hombre, según lo ha configurado y moldeado la ciudad."
"Todo lo que se refiere a mí y que figura allí y a algunos compañeros míos de partido que figuran allí, no es cierto, salvo alguna cosa que es lo que han publicado los medios de comunicación"
✉ ✉ ✉ [Don Tancredo]
El único horizonte posible que ofrece la cleptocracia tiene 6 letras:
M-U-E-R-T-E
Así de explícito ha sido el ¿ministro? japonés de Finanzas, cuando declaró que las personas mayores deben “darse prisa y morir” (sic) para aliviar los gastos del Estado en su atención médica. Para qué andarse por las ramas, morirse es la única opción de futuro para los que no tienen un duro. Por fin, el régimen ofreciendo soluciones radicales.
Los ladrones de cuerpos están insaciables. Que siga la fiesta pues, larga vida al esperpento y que no pare el ritmo:
Boogie! Woogie!
The boys and the girls are all dancing around Dancing all night to the crazy sound It's the newest thing to hit this land The boys and the girls are holding hands
I said Go Buddy go Buddy go Buddy go Buddy go go go
Como en las películas de ciencia ficción, como en la realidad de terror que siempre la supera, en este derrumbe a cámara lenta que estamos viviendo, los reptilianosse han puesto al mando. El "insoportable olor a mierda" que se ha instalado nos da la pista de cuál es su lugar. Y están de juerga.
Porque baja la prima, pero sube la impunidad. Porque la troika hace su paripé criticando los "excesos" de los recortes. Porque la cleptocracia, indulto a indulto y colocada a cada Rato, quiere conservar y ampliar su poder. Porque, pase lo que pase, con espejismos en forma de brotes verdes o incremento de la confianza, es evidente que lo que se está produciendo detrás de esta crisis-saqueo-estafa mafiosa es un cambio estructural completo en favor de una élite de sociópatas, con el consecuente expolio y desaparición de las escasas garantías sociales de la mayoría alcanzadas con tanto esfuerzo.
Sólo las personas y colectivos que no se resignan, que desobedecen y que no están dispuestos a dar su brazo a torcer siguen en la brecha de la resistencia frente a la dictadura acelerada de un régimen corrupto y en descomposición. Pero también en la defensa de lo común y la ofensiva por un cambio global justo, urgente y más necesario que nunca.
Es cuestión de tiempo, elige tu sitio: persona o mercancía, dignidad o residuo, ser vivo o muerto.
Siguen las bromas de mal gusto por parte de los miserables: los altos burócratas de las grandes corporaciones -verdaderos dueños del país- se suben el sueldo un año más y su salario medio es ya de 279.300 euros anuales, el 7,3% más que en 2010. Rato se salía de la horquilla, pero ya está en el banquillo. Otras bromas pesadas se pasan de la raya y pueden ser calificadas tranquilamente como criminales:
Así que vamos a empezar a llamar a las cosas por su nombre. Enriquecer a
una empresa privada con el dinero público destinado a la sanidad o a la
educación o la justicia, por no citar de nuevo el orden público o la
defensa nacional, es pura y llanamente un crimen, más condenable si el
criminal, a modo de coartada, confiesa que es un idiota al que no le
salen los números, excepto cuando se trata de cobrar comisiones. Si es
idiota, que lo retiren y pongan a otro capaz de gestionar el
departamento. [Crímenes, Juan Jose Millás]
El régimen que ampara a éstos y aquellos se blinda temerosamente ante el descontento social y está decidido a enjaular, con o sin pruebas, a toda persona contestataria, disidente, pensante... La puerta de atrás, el estado policial. Es el caso de Alfonso Fernández Ortega, "Alfon", el único detenido durante la Huelga General del 14N que aún sigue en prisión. Y además, en régimen FIES. Es la estrategia del miedo, los montajes y la criminalización, aplicada en dosis cada vez más considerables, pero a la que ya se empieza a responder desde un frente común, como en el caso de Logroño:
La gota que ha colmado el vaso de la indignación ha sido la actuación
policial en la pasada huelga general del 14N. Ese día, tras una
manifestación que todas las fuentes consultada por Diagonal coinciden en
señalar como la mayor de todas las celebradas en las últimas décadas,
la policía acabó cargando con pelotas de goma, un nivel de violencia que
no se recuerda en la capital riojana. Al día siguiente, el periódico La
Rioja reproducía, sin contrastar fuentes, la versión de delegación de
gobierno en la cual se responsabilizaba de las escenas de violencia
vividas la noche anterior a los manifestantes y, especialmente, a “dos
dirigentes de la CNT que incentivaron a través de la megafonía los
sabotajes y el enfrentamiento físico”. [artículo en Diagonal]
Y mientras la mayoría de los medios de (in)comunicación masiva continúan en su campaña de silenciamiento de la protesta y la represión -y de la suya propia, tras la ininterrumpida sucesión de despidos, ERES, coacciones, mala praxis, precariedad...-, los trabajadores de éstos y otros canales alternativos sufren la censura y el acoso policial -a veces en carne propia-, para limitar, obstaculizar o, directamente, impedirles ejercer en libertad y dignidad su derecho fundamental a la información. Y aunque la guardia pretoriana del régimen se dedique a la recopilación en video y a la fabricación de listas negras -en vez de desobedecer y "detener a los mayores chorizos, políticos y banqueros", según sus propias pancartas reivindicativas-, a pesar de todo eso y mucho más, la calle sigue activa y también está llena de ojos vigilantes:
"Las leyes son como las mujeres, están hechas para violarlas"
[un tal Castelao, en un ataque de sinceridad]
Es de dominio público que a la "decadente clase política" ya no le alcanza para ocultar su discurso mendaz, hueco y miserable. Una y otra vez, nos mienten:
La mentira está a la orden del día. El ilusionismo está de moda como instrumento político para que los grandes capitales se salgan con la suya. Una mentira en cada titular que se repite sin mesura en aras de crear ficticiamente una verdad. Contra este tipo de ilusionismo, sólo queda darle la vuelta a este mundo al revés.
Y no hace falta que lo diga un juez. De un tiempo (largo) a esta parte, está muy claro a quién sirven:
De la decadencia a la irrelevancia no hay más que un paso y la denominada clase política está muy cerca de darlo delegando sus poderes en la denominada clase financiera. Del gobierno de las urnas al de los cajeros automáticos.
El (des)gobierno sigue cayendo mes tras mes, perla a perla, en la pendiente del descrédito y el cinismo más absolutos por la vía del austericidio, el perdón a los defraudadores y las declaraciones erráticas. Así, ya sabemos que los padres son poco más que ETA -antes fueron los reyes magos-, que los presupuestos generales para 2013 son los "más sociales de la democracia" -Cristóbal dixit-, que, según la ministra del Paro, esto se arregla en un pis pas porque "ya estamos saliendo de la crisis" o que para la figura real las medidas de ajuste social "están dando sus frutos" -suponemos que se refiere al 1%.
Comportándose como auténticos sicarios de los intereses de las grandes corporaciones -auténticos regidores del orden institucional-, los burócratas han devenido en el triste, pero real, papel de sociópatas. Un cadáver político al servicio exclusivo del ectoplasma financiero. Y ante tanta desvergüenza sólo queda desobedecer. José Coy lo explica con nitidez:
Pero la lista de los miserables no acaba en los gestores y crece con la necesaria cooperación de los medios de (in)comunicación e (in)sensibilidad masivas, que cruzan todo límite moral y de decencia en su búsqueda de audiencias y carroña:
El régimen se pudre en la cleptocracia y los guapos se quedan en casa, según la definición de uno de sus bardos más decadentes y decrépitos, al calificar -entre otras lindezas- de "feos" a los que se manifiestan. Quizás se refiera a la belleza que resplandece en la "mayoría silenciosa" que alababa Don Tancredo, mientras se fumaba un puro en la capital del nuevo (des)orden global. El régimen se hunde en la miseria moral más absoluta aumentando un 1780% la partida presupuestaria dedicada a material antidisturbios, pero sobre todo rompiendo -un día sí y otro también- sus propias reglas de juego, indultando a toda máquina corruptos y torturadores. Por eso, el pasado 6 de diciembre no había nada que celebrar y así lo ha retratado la última encuesta del CIS. Por eso, como símbolos de un tiempo moribundo y monumentos plenos a la obscenidad, la caída de Díaz Ferrán y el eterno retorno de Berlusconi.
Sin embargo, del grupo de los miserables forman parte también todas esas personas insolidarias que con su indiferencia están permitiendo el aterrizaje total de la dictadura, la destrucción de las conquistas sociales y el saqueo del bien común. Son los nuevos vasallos: feudalismo 2.0_
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