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Los símbolos, en caída libre... |
No deja de ser muy sintomático que en una misma jornada se caiga la
bandera de tu país -más bien, el ridículo
banderazo de Colón- y su
corona -un tropiezo lo tiene cualquiera, pero la entidad anda ya muy trastabillada. No deja de ser muy sospechoso que todos los días anuncien desde el (des)gobierno operaciones antiterroristas, lo que equivale a un lanzamiento constante de cortinas de humo. No deja de ser muy revelador que se proyecte desde ya la privatización de la
vigilancia en las prisiones -al igual que se van
externalizando otros servicios públicos, como hospitales o
colegios-, con la pobre excusa de
liberar funcionarios y agentes para otras labores, pero, en realidad, con el interés muy particular de
rescatar y mantener el negocio de las amistades en las
empresas de escoltas, ¿verdad, señor
Orejas? Y no deja de ser tan vergonzoso que el (des)gobierno presente a Europa un
ajuste total de cien mil millones de euros sin explicárselo hoy a sus ciudadanos, en la lamentable rueda de prensa que el ¿presidente? ha concluido con un
"feliz verano, a quien pueda".
Y todo ello, al mismo tiempo que el
Mago Dragui y
Don Tancredo siguen aferrados a su discurso habitual:
la nada. No decir nada, mientras el totalitarismo de la impaciencia en "los mercados" impone su ritmo de tajos sociales a golpe de motosierra. No decir nada, mientras el golpismo se ha institucionalizado como divisa política, abandonando la principal premisa establecida en el (ya) cadáver constitucional que establecía un "
estado social y democrático de derecho": garantizar el bienestar general de la ciudadanía por encima de los intereses particulares. No decir nada, mientras se echa el resto para salvar al
zombi bancario -recordemos, prioridad absoluta en los pagos, y así se demuestra en el
colapso de Cataluña-, pero no hay nada decidido sobre la prórroga en la
ayuda de los 400 euros. No decir nada, mientras se ha realizado el mayor fraude electoral -tras el timo de la reforma constitucional que ejecutó el partido único y que antepone el interés financiero al social- y que es un paso más en esta estafa mafiosa que llaman crisis. No decir nada, mientras esta calculada (veremos hasta dónde), enfermiza -y muy fascista- obcecación nos lleva al matadero.
Pero
la nada también tiene sus plazos y ya los voceros del régimen sienten amenazados privilegios y chiringuitos, con la indignación soplando sus nucas, como acertadamente
analiza Pablo Iglesias Turrión en
Rebelión:
Hoy la oposición al sistema político español no está en las sedes de
las multinacionales ni en los cuarteles, sino que la ejercen los
ciudadanos en la calle pidiendo más democracia. Parece que eso, y las
consecuencias electorales que pudiera tener, es lo que da miedo de
verdad.
Por eso va siendo hora de decir a estos portavoces del
Régimen que los llamamientos a gobiernos de salvación nacional que
cambian constituciones y legislan contra las mayorías no son propios de
demócratas, sino de golpistas
Similar idea se lanzaba desde el editorial -ayer jueves 2 de agosto- del periódico regional
La Rioja, pero esta vez haciendo un llamamiento a los sindicatos para que la protesta no se salga de los cauces ordinarios y quede en manos de "grupos marginales o antisistema" (sic). Vaya, vaya, va a ser que yerran el tiro -premeditadamente- porque los auténticos
antisistema hace ya mucho tiempo que anidan ahí arriba, asociadas a las élites capitalistas, en el entramado institucional de esta falsa democracia.
Ahora es el turno de las personas, iniciando la fase de un
proceso destituyente, del desescombro colectivo frente al
derrumbe sociedad anónima, pero, como dice Guillermo Zapata,
¿y si ganamos, cómo sería ganar?:
La vida, tal y cómo nos la están imponiendo no es tolerable ni
sostenible. Lo sabe el gobierno, lo saben los bancos y los sabemos todas
las personas movilizadas, cabreadas, idnignadas, mejor o peor
organizadas. Como lo saben, nos dicen que esa vida imposible es la única
vida posible. A ese NO, que ellos nos imponen, tenemos que oponerle no
otro NO, sino nuestro SI. La afirmación de nuestra capacidad, nuestra
potencia colectiva y nuestra inteligencia. Somos capaces de cualquier
cosa en la medida en que nos organicemos y seamos capaces de responder a
la pregunta de partida… ¿Y si ganamos? ¿Cómo sería ganar?