underground73

papeles de subinformación

jueves, 30 de marzo de 2017

fin de la cita



<<¿Cómo terminará el capitalismo? Esto se pregunta el sociólogo alemán Wolfgang Streeck en su último libro, How will capitalism end?, Y su respuesta no es precisamente halagüeña: “Antes de que el capitalismo se vaya al infierno, permanecerá en el limbo en el futuro próximo, muerto o a punto de morir por una sobredosis de sí mismo pero todavía coleando, pues nadie tendrá el poder para quitar de en medio su cuerpo en descomposición”. Después del capitalismo, explica Streeck, vendrá un interregno caracterizado por la inestabilidad y la ingobernabilidad, en el que los individuos, abandonados a su suerte, podrán ser golpeados por el desastre en cualquier momento. [...]

En cuanto a la desigualdad sistémica, esta ha alcanzado tal nivel, denuncia Streeck, que los más ricos pueden considerar, con razón, que su destino se ha vuelto independiente del destino de las sociedades de las que extraen su riqueza y que, por tanto, pueden permitirse dejar de preocuparse por sus conciudadanos. Para mantener esta situación, los megarricos utilizan diferentes estratagemas. Por ejemplo, compran legitimidad social mediante actos de filantropía que en parte llenan los huecos en servicios sociales que deja su propia evasión de impuestos. [...]

La democracia, lamenta Streeck, ha perdido su carácter redistributivo e igualitario, por lo que en importantes aspectos es indiferente quién gobierne. Esta pseudodemocracia sirve para aparentar que la sociedad capitalista es producto de la elección popular, cuando en realidad hace tiempo que el control democrático ha desaparecido. Así, la ‘democracia’, vaciada de contenido sustancial, se convierte en una sucesión de debates estériles sobre los estilos de vida y características personales de los políticos y otras cuestiones culturales.

La globalización, afirma Streeck, ha movido los talleres clandestinos que Marx y Engels encontraron en Manchester a la periferia del capitalismo. Así, hoy los trabajadores explotados del Sur global y los trabajadores de clase media del Norte nunca tienen la oportunidad de experimentar juntos el sentimiento de comunidad y solidaridad que nace de la acción colectiva en común. Los explotados son objeto de caridad, como mucho, mientras que el estilo de vida consumista de Occidente depende de que continúe esta explotación. Al comprar camisetas o móviles baratos, los trabajadores de los países ricos, como consumidores, están poniendo presión sobre ellos mismos como productores, acelerando la deslocalización de la producción al extranjero y de paso socavando sus propios salarios, condiciones de trabajo y empleos.

Mientras tanto, explica Streeck, la flexibilidad creciente del mercado de trabajo ha sometido a los individuos a una presión implacable para organizar sus vidas en función de las impredecibles demandas de unos mercados cada vez más competitivos. El resultado es una polarización en aumento entre unas masas de perdedores empobrecidos; unas clases medias sobreexplotadas y absurdamente ocupadas, que se ven obligadas a aportar cada vez más horas de trabajo y más intensas a pesar de disfrutar de una prosperidad sin precedentes; y una pequeña élite de súper ricos cuya codicia no conoce límites, mientras que sus bonus y dividendos hace ya mucho que dejaron de cumplir cualquier función útil para la sociedad en su conjunto. [...]

Las supuestas leyes naturales de la economía no son sino proyecciones de relaciones de poder que se nos presentan como necesidades técnicas.>>
[Artículo completo en Ctxt:
¿Cómo terminará el capitalismo?, por Alex Roche]

Fin de la cita

domingo, 22 de enero de 2017

colapso vs indiferencia



[...] "El capitalismo socava cada día sus propias bases. Decir esto no es hacer una 'profecía' relativa al futuro derrumbe del capitalismo, sino resumir lo que ya se produce todos los días. El hecho de que ciertos actores económicos obtengan todavía grandes ganacias no debe confundirse -como muy a menudo ocurre- con el estado de salud de la sociedad capitalista en cuanto a sistema global de reproducción social. El hundimiento gradual de la civilización capitalista (si se quiere emplear este oxímoron) es patente. Pero no es en modo alguno el resultado de la intervención consciente de hombres deseosos de reemplazarla por algo mejor. Su fin llega por sí mismo, como consecuencia de su lógica básica, que es dinámica y autodestructiva, algo que la distingue de las sociedades precedentes. El capitalismo hace más contra sí mismo de lo que todos sus adversarios juntos hayan podido hacer jamás. Pero esto sólo es una buena noticia a medias. Este hundimiento no guarda ninguna relación de necesidad con el surgimiento de una sociedad mejor organizada: para empezar, porque es consecuencia de la acción de fuerzas ciegas que, en cuanto tales, son de suyo destructivas. Y a continuación, porque el capitalismo ha tenido tiempo suficiente para aplastar las otras formas de vida social, de producción y de reproducción, que habrían podido constituir un punto de partida para la sociedad post-capitalista. Cuando sobrevenga su fin, no quedará más que una tierra quemada en la que los supervivientes se disputarán los restos de 'civilización' capitalista. Ésta es ya la realidad cotidiana en una gran parte del 'Sur del mundo'; y empieza a serlo en una parte creciente de los países 'desarrollados', incluso en los extrarradios de las metrópolis. Abandonado a su propio dinamismo, el capitalismo no conduce al socialismo, sino a las ruinas. Si fuese capaz de tener intenciones, se le podría suponer la de ser la última palabra de la humanidad."

viernes, 20 de enero de 2017

lo peor de lo peor


Héroes del (des)encanto de la nada.

Miles de refugiados abandonados a su suerte bajo la nieve y un frío glacial. Vergüenza Ajena. Tan ajena, que ni está apenas en la agenda y las portadas de los grandes medios, ni se la espera en nuestras conciencias mediopensionistas. Un agujero negro tal como la catadura moral de ese comehostias que nunca viajó en un Yak 42 ni dormirá al raso arropado por una ola polar, como la inauguración del show de Trump y el tiempo de la posverdad y la nada ética, como esas ayudas a fondo pérdido pagadas a escote y sin control para cubrir los chanchullos de la banca, como el más que preocupante -y ya habitual- asedio y derribo de la libertad de expresión por el papel de la Fiscalía y la continua injerencia política que apestan a Antiguo Régimen, como la inmadurez, el ensimismamiento y otras viejas actitudes que se destilan de las Ego Wars en los que dicen ser herederos del 15M, como el intolerable crecimiento de la desigualdad social donde los tres españoles que más tienen acumulan tanto como el 30% más pobre, como, en definitiva, la loca carrera hacia ninguna parte que configura la actual era del Antropoceno bajo los cuidados paliativos de nuestras adictivas pantallas narcotizantes.

La posguerra gélida del nuevo (des)orden mundial.

Si se quiere echar una mano a las personas que estan en Grecia sobreviendo en los campos, se puede colaborar con estas ONGs que trabajan allí, al pie del cañon:

domingo, 1 de enero de 2017

sábado, 31 de diciembre de 2016

hasta siempre 16.. salud y ventura para el 17

 
 

Cada vez más alejado de este mundo mainstream sobredimensionado, huero y decadente que no acierto a entender, ni ganas por intentarlo, desbordado de tanto cinismo. Pero esperanzado en las luces humildes de las que resisten, crecen y empujan en ese cambio no solo posible, sino sobre todo urgente y necesario. Bienaventurado 2017.
 

No nos vamos, SALTAMOS



jueves, 24 de noviembre de 2016

el linchamiento (de doña Ética)


Vergüencita Ajena, el Musical.

Qué certero fue Debord en su descripción de esta fase capitalista de la sociedad del espectáculo -no solo mediática- en la que tan de lleno hemos entrado. Cada día más. El oscurantismo espectacular se hace carne en el infinito e insoportable cinismo de los judas que hoy pretenden blanquear hasta el ridículo la imagen de quien hasta ayer huían como de la peste, en esos que nunca ven "cacería y ensañamiento" en la represión del disidente, la exclusión social y el saqueo planificado y constante -a manos llenas- del bien común. Es el árbol del ahorcado en el Partido de los Trabajadores que vive su moralidad en diferido en forma de simulación: Santa Rita buena, mártir. Ítem el esperpento más espantoso pero tan cañí: ni ética ni estética ni se la espera. A todos esos que -con la mala conciencia mordiéndoles la sesera- le echan el muerto al resto -sin renunciar a su grosero uso político- hay que pedirles encarecidamente que, para rematar la jugada, le hagan el auténtico homenaje que con todas las de la ley se merece.

El respeto a los muertos o el humor negro, según se mire.

viernes, 11 de noviembre de 2016

el triunfo del esperpento, síntoma del desencanto global


¡Mangarranes del mundo, uníos!

El triunfo de yes we Trump no sorprende: canibalismo económico global, sucesivas doctrinas del shock, estado de excepción permanente, colapso social, grandes dosis de ignorancia, embrutecimiento y pasividad, manipulación mediática como norma, un sentimiento transversal y creciente de malestar, rencor y desencanto, y miedo, mucho miedo. Todo al mismo tiempo que, para llenar el vacío oscuro de unas existencias cada vez más precarias en todos los sentidos, un año más se baten plusmarcas de la inmolación en el altar del híperconsumo y el despilfarro de recursos con delirios como el Día del Soltero o el Black Friday. El desguace del común (y del planeta), patrocinado por un neoliberalismo sin alma, narcotizado por la sociedad del espectáculo y disciplinado con la dictadura financiera como horizonte cortoplacista (una dictadura ecofascista en su horizonte final), es la enfermedad. Trump o el Brexit son solo el síntoma.

Porque es evidente que, a pesar de algunas luces sorprendentes y de resilencia frente al futuro gobierno de los Estados Unidos de las Tinieblas, con el abrazo amoroso de los demócratas al oso neoliberal -o los socialdemócratas, o lo que quede de eso, en Europa- empezó todo. Naomi Klein examina con claridad el fondo de la cuestión:
Aquí está lo que necesitamos entender: hay un infierno lleno de gente que está sufriendo. Bajo las políticas neoliberales de desregularización, privatización, austeridad y acuerdos corporativos, su nivel de vida ha caído en picado. Han perdido sus trabajos. Han perdido sus pensiones. Han perdido gran parte de la red de protección que solían utilizar para hacer que esas pérdidas fueran menos aterradoras. Ven un futuro para sus hijos incluso peor que su precario presente.

Al mismo tiempo, han presenciando el ascenso de la clase de Davos, una red hiperconectada de millonarios procedentes del sector bancario y tecnológico, líderes electos que están terriblemente cómodos con esos intereses y estrellas de Hollywood que hacen que todo parezca insufriblemente glamuroso. Los que sufren no están invitados a formar parte del éxito, y saben de corazón que este aumento de riqueza y de poder está, de alguna manera, directamente conectado con el crecimiento de su deuda y de su indefensión.

Para la gente que veía la seguridad y el estatus como un derecho de nacimiento –esto significa para la mayoría de hombres blancos– esta pérdida es inaguantable.

Pero no solo. Junto al gran repudio de todo lo establecido que significa la (supuesta) derrota de la plutocracia representada por los Clinton, se abren nuevas incógnitas, algunas de ellas muy gatopardianas:
No sabemos si Trump será sacado por aquellos cuyos negocios son una guerra interminable, como fue JFK, o si puede ser domesticado por los imperativos marciales del imperio. Sospecho que esto último.

No sabemos si el gran capital irá a la huelga, negándose a financiar los masivos déficit del gobierno, o si se contentarán con los impuestos más bajos de Trump sobre el capital y sus ganancias. Los resultados nocturnos del mercado de valores no son alentadores.

No sabemos si ésta es la sentencia de muerte al medio ambiente y cualquier esperanza de detener la destrucción del planeta causada por el bombeo de 12.000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera cada año.

Racismo. Nacionalismo. Misoginia. Anti-intelectualidad. Autoritarismo. Ésas son las acciones de Trump, sin remordimientos. Lo único que sabemos es que hemos experimentado un cambio tectónico de proporciones rooseveltianas, sólo que en esta ocasión a la derecha, y no a la izquierda.

Hemos visto dos de ésos en el siglo pasado. Uno fue en 1933, en Alemania, es decir, Hitler. El otro fue en 1980 en los Estados Unidos, es decir Reagan. Honestamente, no sabemos lo suficiente sobre Trump para saber cuál será, o si será algo totalmente diferente. Sólo el tiempo dirá.

Pero no será un retorno a los negocios como siempre.

Desgraciadamente, el tiempo para ensayo-error en la construcción de alternativas cada vez es más limitado. Y tal vez aún más con desgarramantas y esperpentos al mando. Afortunadamente, contamos entre nosotros con expertos que nada tienen que envidiar a Donald:


sábado, 5 de noviembre de 2016

el desencanto


Carcajadas de ultratumba. Cayó el telón.

En 1976 se estrenaba el valioso documental de Jaime Chávarri que diseccionaba las relaciones familiares del clan Panero y revelaba, por ende, el cinismo, el atavismo y la decadencia de la dictadura franquista. Hoy la película es otra, pero apenas ha cambiado el fondo de la trastienda. El desengaño paulatino, y finalmente brutal, del régimen transaccional que la sustituyó -enmarañado a su vez en esta fase senil del canibalismo económico- parece estos días jugar con todas las cartas sobre la mesa. Es como el descubrimiento abrupto de la madurez, que tiene algo de desesencanto vital, un poco de ese vacío que llega cuando expira la fiesta y ponen las aceras al amanecer.

La abstención socioliberal, más el apoyo del sector del cuñadismo indignao, para mantener el (des)gobierno de Don Tancredo ha evidenciado que la convergencia del partido único en un Gran Partido del Orden es ya total y completa, sin calibrar en modo alguno -excepto el sufrimiento por mantener sus migajas- las consecuencias a medio plazo para el común. Dando lugar, entre otras, a patéticas intervenciones en tertulias de la Democracia Orgánica en busca de la ortodoxia perdida, como las del señor de la patada en la puerta. La confesión (interesada) de Pedro el Breve ha desencandenado el desencantamiento absoluto sobre un (ex)PSOE -y el sistema que sustenta- que, más allá de esta súbita muerte accidental, lleva décadas practicando el harakiri, pasándose por el artículo 135 las verdaderas necesidades de su electorado.

Cuando todo es mentira. Y lo sabes.

Hace una década me (auto)despedí del periodismo mainstream aldeano, asqueado y desencantado de una profesión pésimamente gestionada, muy precarizada, cutre, abrasiva, manipulada y cortoplacista. Y desde entonces esa mala prensa no ha hecho más que empeorar -dominio de la mafia financiera, 11.000 despidos y conversión en aparatos agónicos de propaganda del sistema, como analizan en el muy recomendable monográfico El periodismo acosado de eldiario.es-, excepto en el floreciente sector del periodismo comprometido y activista. El titular sobre la (falsa de toda falsedad) "retirada de la reválida" en la portada de El País del pasado viernes 28 de octubre ilustra a la perfección el sumidero en el que se ha sumergido y mucho sumergido el Ministerio de la Verdad.

Y así, desilusión tras desilusión hasta la victoria final, entre unos y otros para mantener un relato que ya solo suena a cuento (pero también a historias de terror), criminalizando la protesta un poco más cada día que pasa aunque no pase nada, preocupados por nuestras cosas despreocupados por las cosas que suceden junto a nuestra puerta, negando lo innegable, mirando el dedo y no la luna, matando el tiempo en vanguardias, purismos, verticalismos y narcisismos mientras aplaude con las orejas el ecofascismo que viene, podemos seguir con las trampas al solitario, haciendo como que no ocurre nada, con el piloto automático, desencantados de habernos conocido.


La flor y la nata de la intelectualidad orgánica. El teatrillo del régimen.