papeles de subinformación

viernes, 11 de noviembre de 2016

el triunfo del esperpento, síntoma del desencanto global


¡Mangarranes del mundo, uníos!

El triunfo de yes we Trump no sorprende: canibalismo económico global, sucesivas doctrinas del shock, estado de excepción permanente, colapso social, grandes dosis de ignorancia, embrutecimiento y pasividad, manipulación mediática como norma, un sentimiento transversal y creciente de malestar, rencor y desencanto, y miedo, mucho miedo. Todo al mismo tiempo que, para llenar el vacío oscuro de unas existencias cada vez más precarias en todos los sentidos, un año más se baten plusmarcas de la inmolación en el altar del híperconsumo y el despilfarro de recursos con delirios como el Día del Soltero o el Black Friday. El desguace del común (y del planeta), patrocinado por un neoliberalismo sin alma, narcotizado por la sociedad del espectáculo y disciplinado con la dictadura financiera como horizonte cortoplacista (una dictadura ecofascista en su horizonte final), es la enfermedad. Trump o el Brexit son solo el síntoma.

Porque es evidente que, a pesar de algunas luces sorprendentes y de resilencia frente al futuro gobierno de los Estados Unidos de las Tinieblas, con el abrazo amoroso de los demócratas al oso neoliberal -o los socialdemócratas, o lo que quede de eso, en Europa- empezó todo. Naomi Klein examina con claridad el fondo de la cuestión:
Aquí está lo que necesitamos entender: hay un infierno lleno de gente que está sufriendo. Bajo las políticas neoliberales de desregularización, privatización, austeridad y acuerdos corporativos, su nivel de vida ha caído en picado. Han perdido sus trabajos. Han perdido sus pensiones. Han perdido gran parte de la red de protección que solían utilizar para hacer que esas pérdidas fueran menos aterradoras. Ven un futuro para sus hijos incluso peor que su precario presente.

Al mismo tiempo, han presenciando el ascenso de la clase de Davos, una red hiperconectada de millonarios procedentes del sector bancario y tecnológico, líderes electos que están terriblemente cómodos con esos intereses y estrellas de Hollywood que hacen que todo parezca insufriblemente glamuroso. Los que sufren no están invitados a formar parte del éxito, y saben de corazón que este aumento de riqueza y de poder está, de alguna manera, directamente conectado con el crecimiento de su deuda y de su indefensión.

Para la gente que veía la seguridad y el estatus como un derecho de nacimiento –esto significa para la mayoría de hombres blancos– esta pérdida es inaguantable.

Pero no solo. Junto al gran repudio de todo lo establecido que significa la (supuesta) derrota de la plutocracia representada por los Clinton, se abren nuevas incógnitas, algunas de ellas muy gatopardianas:
No sabemos si Trump será sacado por aquellos cuyos negocios son una guerra interminable, como fue JFK, o si puede ser domesticado por los imperativos marciales del imperio. Sospecho que esto último.

No sabemos si el gran capital irá a la huelga, negándose a financiar los masivos déficit del gobierno, o si se contentarán con los impuestos más bajos de Trump sobre el capital y sus ganancias. Los resultados nocturnos del mercado de valores no son alentadores.

No sabemos si ésta es la sentencia de muerte al medio ambiente y cualquier esperanza de detener la destrucción del planeta causada por el bombeo de 12.000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera cada año.

Racismo. Nacionalismo. Misoginia. Anti-intelectualidad. Autoritarismo. Ésas son las acciones de Trump, sin remordimientos. Lo único que sabemos es que hemos experimentado un cambio tectónico de proporciones rooseveltianas, sólo que en esta ocasión a la derecha, y no a la izquierda.

Hemos visto dos de ésos en el siglo pasado. Uno fue en 1933, en Alemania, es decir, Hitler. El otro fue en 1980 en los Estados Unidos, es decir Reagan. Honestamente, no sabemos lo suficiente sobre Trump para saber cuál será, o si será algo totalmente diferente. Sólo el tiempo dirá.

Pero no será un retorno a los negocios como siempre.

Desgraciadamente, el tiempo para ensayo-error en la construcción de alternativas cada vez es más limitado. Y tal vez aún más con desgarramantas y esperpentos al mando. Afortunadamente, contamos entre nosotros con expertos que nada tienen que envidiar a Donald:


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